Me he dado cuenta que la gente que más critica a los demás es la que menos tolera las críticas hacia su persona. Así sucedió anoche, en el taller de literatura. El enano criticón se la pasó haciendo gala de toda clase de comentarios que poco tenían que ver con la redacción. A pesar de que el maestro ya le había leído la cartilla, parece ser que este individuo no sabe distinguir entre un comentario objetivo de uno plagado de sus prejuicios.
Ayer, los compañeros leyeron sus textos, y en cada intervención de este hombre, calificaba como “Infantil”, “cursi”, “ridículo”, o su frase favorita “blablablá”. Si alguien opinaba, él interrumpía para volver a opinar lo mismo que ya había dicho. El maestro le puso freno dos o tres veces, pero se callaba como niño regañado por un minuto o dos para luego volver a hablar.
Pero a todo mundo le llega su hora, y él fue el último que le tocó leer. Leyó un relato sobre la guerra entre bosnios y serbios. Al final, empezó la ronda de comentarios.
-Oye compadre, pero ¿por qué pusiste que la pareja se prometió escribirse por correo electrónico, si todavía no se usaba eso en esa época?
-No, no. Pero no tiene nada que ver. O sea, es un decir, de que se prometieron mandarse mails…
-¿Y por qué dices que la bomba “los masacró”, si al final de cuentas, la que murió fue la chava, él andaba en otra parte de la ciudad?.
-Sí, ok, es un decir, que una bomba explotó, blablablá, pero al final no importa. O sea como quiera se entiende que ella murió. No nos vamos a fijar en ridiculeces.
-Oye, - dijo otro chavo.- ¿Y por qué dices que la chava tuvo relaciones con el reportero a los 3 días de conocerlo? ¿Qué no se supone que ella era musulmana, y las musulmanas son muy conservadoras por su religión?
-Sí, pero pos están en guerra, quien se anda fijando en eso… el sexo es sexo.
-¿Y por qué dices que él pagó con euros, si en ese año, y en esa región no se usaba esa moneda? – pregunté.
-Pues sí, yo…
-Es verdad, la moneda que usaban eran marcos alemanes. – dijo una mujer.
-Sí, ya sé que en ese año se pagaba con marcos alemanes, pero ese detalle no importa.
-¿Cómo que no importa? – increpó otra chica. –Oye, si te estamos diciendo todo esto es para que mejores tu historia…
-Sí, ok, blablablá…
-¡Déjame hablar!
-Es que estos detalles que me dicen o sea, ni al caso, no afectan a la historia.
-Afectan la credibilidad. – dijo la muchacha.
Pero él se puso necio y no la dejaba hablar, hasta que la mujer que estaba enseguida de él le agarró el brazo, y le dijo entre dientes:
-¿Te puedes callar por favor y dejarla hablar?
El chavo, al ver la expresión de enojo de la compañera que le sujetaba del brazo, por fin guardó silencio.
El maestro dijo:
-Tal parece que ciertas personas no entienden, por más que repito, que por educación, se debe dejar hablar a las personas sin interrumpirlas.
Y dio por finalizada la clase.
Y pues así estuvo la cosa. Él bien que critica, pero no sabe soportar las críticas.
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