martes, 5 de mayo de 2020

Pasatiempos de cuarentena

Hola mis estimados lectores blogueros.

Ya sé que los he tenido muy abandonados. Lo que pasa es que la docencia me ha mantenido bastante ocupada. Y ahora que estamos en cuarentena, todas las clases las tengo que impartir en línea, así que ahí me tienen a las 10 de la noche haciendo power points para los muchachos.

Como no soy experta en esto, mis power points están bien básicos, nomás letras negras en fondo blanco. A veces si tengo tiempo, les agrego una imagen. Pero es que ya de por sí es muy trabajoso hacer eso... eso del diseño no se me da.

En fin. He estado tan ocupada en esto y con lo de mi trabajo normal, que este encierro se me ha pasado rápido. Claro, hay cosas que sí extraño mucho, como mis clases de pintura o ir por mi café a Starbucks o desayunar en Tim Hortons. Eran rutinas que yo ya tenía en mi agenda así que las echo de menos.

Pero así están las cosas, y me imagino que todos ustedes pasan por lo mismo.

Y bueno ¿qué hago en mis ratos "libres"?

Dormir. Sí, curiosamente me ha entrado mucho sueño en estos días. Había intentado dejar el café, pero sí me hace falta o si no ando somnolienta todo el día. Aunque en las noches tengo insomnio, lo que me hace concluir que más bien lo que anda mal es mi horario de sueño.

Segunda cosa: pintar. Últimamente estoy pintando acuarelas. Luego les compartiré algunas imágenes.

Tercera cosa: hacer ejercicio. Encontré unas rutinas de ejercicio con música disco. Las probé y me gustaron. Una se llama Never Stop Dancing y la otra Retro fitneess. Ahí búsquenlas en YouTube, están buenas porque la música disco es muy alegre.

Y bueno, por ahora eso es todo. Ando sin mucha inspiración así que no he escrito ninguna novela ni nada. Ojalá las musas vengan a inspirarme.

¿Y a ustedes cómo les va en estos tiempos? 

jueves, 2 de abril de 2020

sueños sobre el fin del mundo

Hace como unos cuatro o cinco años tuve un sueño curioso. Soñé el fin del mundo, pero no soñé cosas apocalítpicas como las que proyecta Hollywood en sus películas. No soñé guerras, ni bombas, ni catástrofes naturales, como terremotos, huracanes o volcanes en erupción.

Soñé que el fin del mundo era silencioso, los humanos simplemente nos extinguíamos como especie. Las calles se quedaban vacías, ya no se escuchaban ruidos, la naturaleza recobraba sus antiguos territorios, los animales vagaban por ahí.

Y recordé mi sueño hace unos segundos, porque el escenario al que nos enfrentamos ahora es muy parecido a como lo soñé.

Bueno, solo les comparto mi sueño, no con intención de alarmar o hacerlos sentir tristes. Son sólo de esas reflexiones que a veces surgen mientras miras por la ventana. 

sábado, 21 de marzo de 2020

Pandemia

Todo esto de la pandemia nos tiene a todos preocupados y con desánimo. No hay a donde huir, esto está en todo el planeta. Hay países peores que otros. Pienso mucho en Italia. Hace diez años (¡diez años ya!) de mi viaje para allá. Un país hermoso, con bellos paisajes, arquitectura, gente alegre y dinámica. Hoy está sumida en la tristeza, el virus ha pegado fuerte allá, la gente está en cuarentena obligatoria y los muertos se cuentan por cientos.

El hecho de que este virus esté en todo el planeta (y que desgraciadamente se está multiplicando en México gracias a la irresponsabilidad de los viajeros), hace que me pregunte si acaso ya estamos viviendo el Apocalipsis, el fin del mundo.

Bueno, no quiero ser fatalista. Pero estamos viviendo algo inédito.

Pienso en los niños, en sus recuerdos de la infancia quedará que tuvieron que permanecer encerrados en casa, por semanas, sin poder salir a jugar. Que celebraron sus cumpleaños a puerta cerrada, sin sus amiguitos, sólo con sus papás y hermanos.

Pienso en los jóvenes, que suspendieron las clases para ahora estar aislados, en sus casas, tomando la clase frente a una pantalla.

Y sobre todo pienso en esa sensación de vulnerabilidad, desconfianza y aislamiento que todos vivimos. Salir a la calle con miedo a que alguien tosa o estornude cerca de nosotros, lavarnos las manos diez veces al día (o más), sin poder ir al cine, a fiestas, a nada.

Bueno, tampoco es que yo sea tan extrovertida. Estoy acostumbrada a pasar mucho tiempo en casa, pero aún así, las malas noticias nos llegan por todos lados.

También pienso que este año va a ser difícil encontrar el amor. ¿Cómo salir y conocer gente en estos tiempos? Imposible.

Habrá que esperar, ¿hasta cuándo? Quien sabe...

domingo, 15 de marzo de 2020

Caldo de murciélago

Hasta hace unas semanas no imaginaba que la extraña costumbre de los chinos de comer animales exóticos nos iba a afectar mundialmente.

Recuerdo que a inicios de Enero, alguien posteó en Facebook un video de cómo un grupo de chinos comía alegremente caldo de murciélago. El animal negro, retorcido, con el hocico abierto, flotaba en un plato con caldo y enseguida una china lo tomó con palillos y le dio una mordida, saboreándoselo.

No solamente el murciélago era parte del menú. También se comían otros animales, como sapos vivos, ratones, y otros bichos raros. Un chino agarraba un ratón vivo, lo remoja en salsa y se lo come de un bocado. Otro tomaba un sapo vivo, le arrancaba la cabeza con los dientes y sorbía las vísceras como si se tratara de un manjar.

El video me provocó náuseas, (obviamente no lo comparto por ese motivo, pero supongo que lo podrán encontrar en Youtube).

Después se supo que las autoridades clausuraron ese mercado, porque había aparecido un extraño virus.

El problema fue que se tardaron mucho en hacerlo. Para ese entonces la epidemia ya se había salido de control en esa ciudad. Y todo porque las autoridades hicieron caso omiso de la advertencia de un médico, le ordenaron que cerrara la boca y que no dijera nada. Por corrupción, negligencia, o las razones que quieran, los chinos no actuaron a tiempo.

Y el virus se propagó a Europa. Un italiano que anduvo de viaje en China,  regresó enfermo y aún así, continuó con su vida cotidiana, infectando a todos a su alrededor. Los médicos tardaron mucho en diagnosticar su enfermedad, no actuaron rápido y el virus se diseminó por todo el norte de Italia y posteriormente, se dieron otros casos en España, Alemania, Francia y otros países europeos. Todo por culpa de viajeros que andaban en China y de ahí se trajeron la enfermedad.

Para ese momento, yo pensaba que la cosa estaba crítica, pero que no afectaba tanto mi país porque nos divide un océano de distancia.

Pero me equivoqué. El efecto mariposa alcanzó a todo el planeta. Viajeros mexicanos (casi todos de clase alta, empresarios, que se pueden costear viajes a Europa) se trajeron la enfermedad a México. Y si en el primer mundo no supieron controlar la enfermedad ¿qué le espera a México, país tercermundista en donde la mitad de la población carece de Seguro Social porque trabaja en la informalidad?

Qué irresponsabilidad de esos ricos, que se atrevieron a viajar a Europa en esas semanas  a sabiendas que la OMS ya había advertido desde finales de febrero la gravedad de esa enfermedad.

Y no solamente eso, sino también la falta de reacción del gobierno por no poner filtros en los aeropuertos.

Ahora todos estamos con miedo, sin saber si continuar con nuestras actividades o no. Aún no han dicho nada. Solamente los centros educativos sí dieron la orden de cerrar hasta pasada Semana Santa. En mi caso, tengo que dar clases en línea.

Habrá muchas actividades que ya no podré hacer. Por ejemplo, ir al gimnasio, ir al Starbucks, o juntarme con amigos, tampoco podré ir al cine o al teatro. Todo se va a trastocar. Se avecina una época de aislamiento.

Y aunque todavía no han decretado cuarentena, ya se siente el ambiente tristón y desolador en Monterrey. Hoy por ejemplo, noté las calles vacías, muchos negocios solos y fui a la UANLeer (feria del libro de la UANL) y me dio lástima que estuviera sin gente.

Esperemos que todo salga bien y que la enfermedad no se propague mucho y que pronto podamos retomar nuestra vida cotidiana.


martes, 3 de marzo de 2020

ya soy maestra

pues no les había platicado, pero a partir de este año ya soy maestra universitaria. Doy clases de licenciatura. Era algo que desde hace más de diez años había querido hacer, pero no se me había dado oportunidad hasta ahora y creo que ahora es buen momento, ya que tengo más experiencia laboral y más conocimientos que hace diez años.

Así que he desempolvado mis libros de la carrera y preparado las clases, revisando tareas, revisando exámenes. Es más trabajoso de lo que imaginaba. Ahora sé lo que pasaron mis propios maestros.

Sin embargo, ahora es muy diferente a como cuando yo estudiaba.  A riesgo de sonar viejita quejosa con la frase "en mis tiempos las cosas eran diferentes..." es que sí, en mis tiempos no había tecnología, bueno, no tanta como ahora. El internet estaba en pañales así que no podías encontrar gran cosa ahí. Si querías investigar, tenías que ir a la biblioteca y consultar no uno, sino varios libros.

Ahora todo es muy diferente, al alcance de un clic tienen todo. Pero aún así, siento que la tecnología lejos de beneficiar a los chavos los perjudica, ya verán por qué.

1. Tienen vicio por el celular. En serio, un vicio, así tal cual. Aunque les pida que guarden el teléfono, se ponen ansiosos, nerviosos, intranquilos, como con síndrome de abstinencia, y apenas volteo a escribir algo en el pizarrón y para cuando volteo, ya están otra vez con el celular en la mano, mandando mensajes por Whatsapp. Si los he regañado cien veces es poco, y de nada sirve. No pueden estar ni un minuto sin el celular.

2. Copy-paste mal hecho. Varias tareas se entregan en línea, pero eso provoca que busquen todo en "San Google" sin revisar ni siquiera la fuente, y le den copy-paste sin razonar siquiera lo que pusieron. Es por eso que he optado por encargarles algunas tareas a mano.

3. Distracción. No sé que pasa con esta generación, pero en mis tiempos respetábamos al maestro y hasta le teníamos miedo. Hoy en cambio, se la pueden pasar en la chorcha, plática y plática y plática y no ponen atención mientras doy clase, o de plano dicen "voy al baño" y no regresan al salón. Ah, pero eso sí, luego están todos reprobados en el examen.

Así que cada vez me estoy volviendo más exigente, y creo que me falta serlo más. Tener más mano dura.

Ahí después les platicaré cómo me va.



martes, 18 de febrero de 2020

Cuando sales de clases y tu papá no ha llegado...

Hace algunos días, se publicó la noticia del asesinato de una niña llamada Fátima. Salió de la escuela, y su mamá no estaba. La señora llegó 20 minutos tarde por ella. Para cuando la señora llegó, no la encontró. La escuela estaba cerrada y la niña desaparecida. Lamentablemente la hallaron después, en una bolsa,  desnuda, con huellas de tortura y muerta.

Mientras que en otros países de primer mundo, como Japón, los niños desde los 5 años van solitos a la escuela, caminando, tomando el metro y ningún adulto los molesta (al contrario, los ayudan a llegar sanos y salvos a su destino) en México esto es imposible. Dejar a un niño solo es un riesgo. 

Muchos le echan la culpa a la mamá, por llegar tarde. Como siempre, revictimizan a las víctimas en lugar de castigar a los culpables. 

Pero lo que quiero compartir es cómo eran las cosas en mi colegio, cuando era niña. 

Mi colegio era de monjas, en ese entonces solamente estudiaban niñas ahí. 

A la hora de la salida, las maestras salían con su grupo a la banqueta. No dejaban que las niñas se fueran por su propio pie. El papá o la mamá tenían que venir por ella. Cuando quedaban pocas niñas, las maestras las devolvían al interior del colegio. Se quedaban en una sala de espera y cerraban las puertas del colegio. Una sor se quedaba cuidándolas. 

Si el papá o la mamá llegaban tarde, la sor abría la reja y entregaba a la niña. 

También las sores tenían prohibido que los vendedores ambulantes rondaran por el colegio. Los corrían y a nosotros nos tenían prohibido comprarles. 

Sí, eran muchas medidas y prohibiciones. Pero funcionaba. Ninguna niña se perdía o era secuestrada. Es más, tenía una amiga, cuya mamá era super olvidadiza. La señora la venía recogiendo una hora después de la salida. Y mi amiga nunca se quedaba sola en la calle esperándola. Las sores la metían adentro del colegio, cerraban las puertas con candado y sólo la dejaban salir hasta que la mamá venía por ella. 

Pero esto sólo ocurría en mi colegio. Ni en otros colegios ni mucho menos en las escuelas de gobierno tienen esta costumbre. Dejan a los niños afuera, en la banqueta, y los maestros se van a sus casas. 

Ellos dicen que es responsabilidad de los papás venir a tiempo por ellos. Pero muchas cosas pueden ocurrir. A veces los jefes los tienen trabajando tarde y no tienen tiempo de salir a recoger a los niños. O pueden sufrir un choque, un accidente en el camino. O el tráfico puede estar muy pesado. No sé, puede haber mil situaciones por las cuales a veces no se llegue a tiempo. Y aquí el único que sufre es el niño, pues queda expuesto a peligros, como fue el caso de Fátima. 

Fátima se quedó sola, en la calle, sin que nadie la cuidara. Eso la hizo presa fácil de una secuestradora. (Dicen que se trataba de una vendedora ambulante que vendía papitas afuera de la escuela) y se la llevó por ahí y se la entregó a otra gente que terminó violándola y matándola. 

Las escuelas deberían tener un protocolo en esos casos. No dejar a los niños solos en la calle, sino resguardarlos el tiempo que sea necesario. Porque aquí el único perjudicado no son los maestros, ni los papás, son los niños. 

lunes, 10 de febrero de 2020

Delito es...

Cuando tenía 18 años y estaba en Leyes, en la materia de Derecho Penal me tocó como maestro un viejito bastante enojón.

Era un licenciado con muchos años dando clases en la universidad, y se sabía el Código Penal al revés y al derecho.

Un día, no me acuerdo muy bien qué pasó, pero el caso es que todos estábamos distraídos, platicando y no le hacíamos mucho caso mientras él hablaba. Así que él se enojó y nos dijo: "Voy a pasar de uno por uno al frente y van a tener que decirme de memoria la definición de Delito. El que no se la sepa le voy a poner un cero".

Todos nos quedamos en shock. Entonces sacamos el libro de la mochila y empezamos a memorizar la definición. Uno por uno fue pasando al frente. Si te equivocabas en una palabra, ya valió madre, reprobado.

Hasta los más flojos se aprendieron la definición, por puro miedo de salir reprobados.

Veinte años después, me sigo acordando de la definición de memoria.

"Delito es un acto antijurídico, culpable, punible e imputable". 


martes, 28 de enero de 2020

La rifa del avión

Generalmente soy apolítica, no me pongo a hablar mucho sobre estos temas. Pero a veces suceden tantas cosas tan absurdas en México que es imposible no hablar de ello.

Resulta que nuestro presidente, López Obrador, dijo desde un inicio de su gobierno que pondría a la venta el avión presidencial, para sacar lana que se utilizaría en otras obras sociales.

Desde un principio esa propuesta me pareció absurda, porque ¿quién compraría un avión de esa magnitud? Ni siquiera las aerolíneas se apuntaron, mucho menos los particulares.

Si al ver el desinterés por comprar semejante armatoste, el presidente hubiera reconocido que "ok, no se pudo vender, pero va a seguir al servicio del gobierno", yo hubiera dicho "bueno, no hay problema".

La cosa es que se amachó con la idea, y no quitó el dedo del renglón, y se le ocurrió rifarlo. Sí, rifarlo. A $500.00 el boleto.

O_O

¿Para qué?

¿Y el que se lo gane qué va a hacer con él? Ni siquiera va a tener un hangar donde "estacionarlo". Tampoco va a tener recursos para operarlo.

Me recuerda ese episodio de Los Simpson donde Bart participó en un programa de radio y le dieron a escoger el premio y el se empecinó con que quería un elefante.

Al final lo obtuvo, pero su familia no podía mantenerlo. No cabía en el patio, no tenían con qué alimentarlo, causaba más daños que beneficios.

Pues algo así pasará con el ganador del avión. O eso me imagino.

Yo que AMLO dejaría este tema por la paz.


sábado, 25 de enero de 2020

Mujercitas

Uno de los primeros libros que recuerdo haber leído por gusto y no porque me lo encargaran en la escuela es "Mujercitas" de Louisa May Alcott.

Este libro lo encontré en la biblioteca infantil y me llamó la atención por sus ilustraciones. Un montón de niñas rubias con vestidos antiguos muy hermosos, con peinados muy lindos y listones en la cabeza, sentadas en el jardín tomando el té, o frente a la chimenea mientras una de ellas tocaba el piano.

No recuerdo exactamente qué edad tenía cuando lo leí, pero calculo que tenía entre ocho o nueve años. La historia me gustó. Cuatro hermanas que se quedan en casa con su madre mientras el padre está en la Guerra civil.

De todos los personajes, mi favorito siempre fue Jo, porque era audaz, decía siempre lo que pensaba, y sobre todo, porque le gustaba escribir. Yo creo que Jo fue quien hizo que naciera en mí la inquietud de convertirme en escritora.

Me gustaba mucho la relación que Jo tenía con su vecino Laurie. Ella siempre lo alentaba a ir más allá, a aventurarse y a ser más extrovertido. Y Laurie por su parte, la introducía en su mundo de alta sociedad, bailaban juntos, se divertían mucho.

Las otras hermanas me parecían sosas o caprichosas. Meg era sumisa y sólo se preocupaba por el "qué dirán", Beth era extremadamente tímida y callada, aunque era la más dulce de todas pero su carácter introvertido a veces hacía que pasara inadvertida en la trama, y Amy era la más chiflada de las cuatro por ser la más consentida de la familia.

Tiempo después leí la continuación de esta novela, "Hombrecitos" y me disgustó mucho saber que Jo y Laurie no se casaron. Que Laurie se casó con la caprichosa de Amy y que Jo se casó con un profesor.

Pero bueno, a lo que voy es que esta historia ha sido adaptada muchas veces a la pantalla grande, y en la actualidad dudo mucho que las niñas se interesen en ella, ya que la historia resulta anacrónica para estos tiempos.

Las niñas ahora cuentan con muchas oportunidades en la vida, son más empoderadas, menos sumisas, y personajes como Meg, Beth y Amy les pueden resultar exasperantes. Quizá se identifiquen con Jo, aunque Jo en su tiempo era como la que rompía estereotipos y en cambio ahora es el común denominador.

A pesar de todo, sigo recordando con cariño esta historia, pues me traslada a aquella época de mi infancia en que leía el libro en una semana, mientras comía dulces y soñaba con convertirme en Jo.


jueves, 16 de enero de 2020

Cuando los inviernos eran más fríos

Los inviernos en Monterrey se han vuelto muy calurosos. Las temperaturas más "frescas" rondan más o menos como entre los 17 grados en las mañanas pero luego va subiendo a 25 grados durante el día. Tengo ropa de invierno que no he usado desde hace muchos años. En especial un abrigo de lana, que compré hace años. Es muy elegante, color negro, con botones de cuero. Fue la primer cosa que compré con mi primer sueldo.

Pero tengo más de cinco años de no usarlo, porque las temperaturas en invierno son cálidas.

Y la verdad este año sí tenía muchas ganas de ponérmelo, pero el frío parece que ya nunca va a volver. Gracias al maldito calentamiento global.

Enojarme por el calentamiento global es como si me enojara con la pared. Lo que yo haga es muy mínimo y no tiene impacto en la naturaleza. A veces no uso el coche, hago mis vueltas a pie. Pero me da mucha impotencia ver el cielo sucio, contaminado.

Es increíble cómo el clima ha cambiado tanto en pocos años. Antes los inviernos eran fríos, con lloviznas que se convertían en aguanieve. Recuerdo uno, en 1997. Yo iba saliendo de la universidad y vi toda la ciudad cubierta de nieve. Fue muy divertido. Pero también recuerdo otros inviernos. Uno del 2004, donde yo ya estaba trabajando y en mi hora de comida fui a caminar por el centro. Llevaba precisamente ese abrigo que les digo y me fascinó verlo cubierto de pequeñas pelusitas de hielo.

Supongo que esos inviernos ya no van a volver. Para vivir el invierno tendría que mudarme a otro país, como Canadá.

Qué triste. 

miércoles, 8 de enero de 2020

Reseña serie: You

Empecé a ver esta serie pensando que se trataba de una historia romántica pero luego me di cuenta que para nada tiene que ver con romance. Al contrario. Es la historia de un acosador de mujeres, sociópata y obsesivo.

La premisa es simple. Joe, un tipo insignificante y mediocre, (aunque atractivo) trabaja como empleado en una librería. Un día llega una clienta que lo deja deslumbrado. Una rubia hermosa, extrovertida que le hace plática mientras busca un libro. Desde entonces él se obsesiona con ella y la espía por redes sociales hasta dar con su dirección.

Y bueno, no les cuento más porque la trama va de eso, de la obsesión de Joe por aquella chica, y él en su mente cree que eso es amor, pero nada más alejado de la realidad. Joe es un tipo oscuro y peligroso. Aunque no sabemos mucho del pasado del personaje, solo por pequeños flashbacks que dan a entender que tuvo una niñez llena de abusos.

Debo decir que la primera temporada está muy buena. La historia es redonda, un poco predecible pero eso no molesta porque  ya sabemos que Joe está loco, lo vemos escalar en niveles que rayan en la psicopatía.

La segunda temporada ahí no me terminó de convencer mucho, porque los elementos que funcionaron en la primera los vuelven a repetir en la segunda. Otra vez una obsesión, otra vez él queriéndose hacer pasar como héroe con personas indefensas... y SPOILER ALERT: resolvieron todo matando a la mitad del elenco. Se nota que en esta segunda temporada no trabajaron bien en el guión,  y decidieron asesinar a la mayoría de los personajes para no darles seguimiento.

Creo que lo ideal hubiera sido que esta serie terminara en la primera temporada, pero ya van por la tercera. A ver qué sucede, esperemos que la tercera sea más interesante.

Aún así, recomendable.



martes, 7 de enero de 2020

Trabajar en equipo

De niña no me gustaba trabajar en equipo. Porque yo siempre fui de las niñas estudiosas, perfeccionistas e hiper responsables, que quería tener todo listo con mucha anticipación y a veces me tocaba compañeros que no hacían su parte y eso me estresaba mucho, en ocasiones yo terminaba haciendo todo el trabajo.

Más grande, en la universidad, me tocó hacer también trabajos en equipo y era todo un rollo coordinarse con las personas. Una vez incluso terminamos peleando y discutiendo, porque unos no habían hecho nada y ya faltaba muy poco para presentar el trabajo. Mis amigos recuerdan ese momento porque fue la primera y única vez que les grité y los regañé. Nunca antes había gritado pues suelen definirme como una persona pacífica y diplomática, pero en esa ocasión me colmaron el plato.

A lo que voy es que no estamos acostumbrados a trabajar en equipo. No lo hacemos bien. Y eso se refleja ya en la vida adulta.

El ejemplo más evidente es cuando trabajas una empresa. Todo está dividido por departamentos. Un departamento hace algo, envía un reporte a otro departamento, éste a su vez trabaja con esa información y reporta sus resultados a otro departamento y así va la cadena de trabajo. Los resultados terminan en manos de los directivos, gerentes. Y cuando algo está mal, el regaño va parejo. A veces sucede que alguien en la cadena de trabajo no te entrega la información a tiempo. O te la entrega mal, equivocada. Todo eso afecta.

Otro ejemplo es cuando trabajas como freelance. También trabajas en equipo, con tu cliente. Pero a veces el cliente no cumple su parte. No te entrega la información o los requerimientos para hacerle su trabajo. No te paga. No responde tus mensajes. Se pasan fechas. Y a pesar de que le mandas recordatorios, no puedes hacer más. Si la otra parte no coopera, es difícil sacar la chamba adelante.

En conclusión, hay que hacer conciencia de nuestras responsabilidades. Todos somos adultos, y se supone que sabemos lo que tenemos que hacer, cuándo lo tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. No esperen a que les caiga el tiempo encima. Tampoco sean chambones, hagan las cosas con esmero. Sólo así funciona el trabajo en equipo. 

viernes, 27 de diciembre de 2019

Párpados caídos

Hasta hace poco, yo no sabía que mis párpados eran defectuosos.

Hace como 5 años, tomé un curso de maquillaje, y la maestra me dijo que yo tenía "párpados caídos". Y no, no es que precisamente los tenga caídos como Paris Hilton, o chuecos ni nada por el estilo. Es que así se le dice cuando tienes párpados gorditos, algo así como esto.


A veces me molesta como entre mujeres son capaces de marcar como defectos cosas que antes ni siquiera las hacías en la vida. Desde entonces, procuro maquillar mucho mis ojos, y tengo que utilizar mil brochas para dar la sensación de que son párpados más abiertos.

Pero no es suficiente, ya que quien sabe cómo, pero la gente me ve y cree que no me maquillo. Por más que les explique que sí usé corrector, sombras, delineador y rímel, las mujeres ven mis ojos y piensan que no me los maquillé. Y varias personas me han insistido que use pestañas postizas (o sea, ahora resulta que mis pestañas también son defectuosas).

No es que esté en contra del arreglo personal, es que no entiendo cómo algo tan insignificante sea  marcado como dejadez.

Lo curioso es que he conocido hombres que dicen que prefieren a las mujeres al natural, sin maquillaje. O sea que una aquí, afanándose por pintarse los ojos y resulta que a los hombres les da igual.




lunes, 16 de diciembre de 2019

Yo quiero ganar 10 millones

Les confieso que suelo comprar boletos de sorteos. Llámese sorteo Tec, siembra cultural, lotería nacional, etc.

Siempre lo hago con la ilusión de ganarme el primer premio (o por lo menos el segundo o el tercero). Y quién no, todos los que compran tienen la misma intención.

Y es que la verdad, me gustaría ganar el primer lugar porque sueño con poder hacer lo que realmente me gusta y no tener que preocuparme por trabajar para ganarme la vida.

Si yo ganara 10 millones, me gustaría comprar una casita o un depa y decorarlo a mi gusto. Cambiar mi coche por uno más nuevo. No preocuparme por mi ahorro para el retiro. Viajar al extranjero, sin preocupaciones... pero sobre todo, sobre todo, poder dedicarme a escribir y pintar, que es lo que más me apasiona.

Así que cuando veo las listas de premios, me desilusiono al ver que mi boleto no ha ganado. Y que tengo que seguir en esta "carrera de ratas" como la llama Robert Kiyosaki en su libro "Padre Rico, Padre Pobre". Trabajar para vivir, vivir para trabajar.

Sin embargo, nuevamente caigo en la tentación y compro otro boleto, con la ilusión de que ahora sí, salga premiado. 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Mala calidad del aire en Monterrey

Ayer desperté tosiendo. Sentía como polvo en la garganta, y no sabía por qué. No estoy enferma, no tengo gripe ni nada, en estos días de cambios de temperatura me he cuidado mucho y salgo abrigada, tampoco he tenido contacto con nadie enfermo. Así que no tenía por qué estarlo.

Mis síntomas se reducían a una tos seca, como si me hubiera tragado un puño de tierra. Al mismo tiempo, sentía mucha irritación en la garganta, congestión nasal.

Entré a la página del monitoreo de la calidad del aire en Nuevo León y descubrí que en todo Monterrey había alerta naranja, o sea, la calidad era MALA (101-150).

¿Por qué el gobierno no dijo nada? ¿Por qué nadie avisa qué se tiene que hacer en esos casos? Y tuve que salir a la calle a hacer algunos mandados, y el cielo estaba sucio, de un gris-café raro. Ya hace años que no veo cielos azules en Monterrey, así que ya me resigné a ello, pero ayer me costaba trabajo respirar sin toser.

Y la gente hacía sus vidas normalmente, iban al trabajo, a los bancos, a las tiendas, los niños a las escuelas... Todos respirando este aire sucio. Aunque a mí me dispara más las alergias que a otras personas...

Hoy, afortunadamente, ya bajó la alerta naranja a Verde. O sea que tenemos una calidad Buena. Y sí, ya no toso, no siento irritación en la garganta.

Me pregunto qué pasaría si un día la ciudad amaneciera con alerta roja. ¿Nos moriremos asfixiados?

Creo que este sería el final apocalíptico de mi ciudad. 

lunes, 9 de diciembre de 2019

Reseña serie: Diablero

Me encontré en Netflix esta serie mexicana, llamada "Diablero". Se trata de un grupo de exorcistas integrado por dos hermanos chamanes, una chica poseída por demonios a su voluntad y un sacerdote que busca a una hija perdida que tuvo en pecado.

Es la primera serie de terror, sobrenatural y acción, 100% mexicana, que veo. (Ignoro si haya otras similares). Según algunas críticas que he leído, se parece mucho a la serie Supernatural, pero como nunca he visto esa serie no puedo hacer alguna comparación.

Lo que sí puedo decir es que está bien hecha. No es cualquier churro, tiene historia, tiene buenos efectos especiales, y los protagonistas actúan muy bien, especialmente Horacio García Rojas (Elvis, el diablero), y Giselle Kuri (la chica poseída).

Lo que me gusta de la serie es que incorpora la mitología prehispánica y la santería, algo que se ve mucho en México, así que por ese lado, resulta interesante ver demonios prehispánicos.

Pero lo malo: poner a la Iglesia como enemigo. Poner una imagen distorsionada del catolicismo.

Y es que eso es lo que me causa ruido. El personaje de Christoper Uckerman (el sacerdote) no resulta creíble. Para empezar, se la pasa echando maldiciones hasta en misa. Yo nunca he visto a un sacerdote que haga eso, mucho menos en misa. Además, se le representa como un hombre que duda, que no recurre a su religión para resolver sus problemas. No reza, no pide ayuda a Jesús, la Virgen o los santos, como sería lógico que lo hiciera un sacerdote. Toda la trama se trata de vencer al mal con el mal (hay al final algo relacionado con los ángeles, pero se les representa más bien como seres sobrenaturales no relacionados con Dios).

Por otro lado, se muestra a las autoridades eclesíasticas como villanos de James Bond, "muajajá, somos una organización criminal que busca dominar al mundo", que tampoco me resulta creíble.

Sé que hay casos en que la Iglesia ha quedado mal parada en asuntos de pecado, pero por otro lado, se ignora a los sacerdotes que sí son buenos. Porque sí los hay, aunque muchos no lo crean. Además, en la Iglesia hay sacerdotes exorcistas, es una especialidad que estudian en Roma, en el Vaticano, y estoy segura que ellos conocen rituales de exorcismo que nosotros ni siquiera nos alcanzamos a imaginar. Y ese elemento queda desaprovechado en la serie, pues al retratar a la Iglesia como una institución demoniaca, no queda nada que nos pueda referir a cómo se hace un verdadero exorcismo católico.

Más aún, que México sigue siendo un país de mayoría católica así que si el producto está enfocado para un público mexicano, esto puede resultar un tanto bizarro y chocante.

Pero bueno, no nos tomemos tan en serio la serie (soné redundante, jaja), y si son gente que aguanta ver sangre, seres de inframundo y cosas como esa, la podrá encontrar interesante. Además que entre escenas hay algunos elementos cómicos que rompen con la tensión de la trama y la hacen más ligera.

La dejo a su criterio. No está mal, pero tampoco es la gran maravilla.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Cámaras de vigilancia

Hace tiempo, leí en el diario "El Universal" un reportaje que me dejó muy consternada y triste. Se trataba del caso de una mujer, esposa y madre de familia, que salió de su trabajo, como cualquier día. Mientras esperaba el camión, un hombre la amagó y la amenazó de matarla si no hacía lo que él le decía.

Al principio, le quitó la bolsa y el celular. Pero luego vino lo peor, la llevó a un paraje oscuro y la violó. No contento con ello, no la soltó de inmediato, sino que llamó a su esposo para pedirle rescate y siguieron andando por calles desconocidas hasta que después, otra vez la violó, se burló en su cara y se marchó.

La mujer terminó en un hospital. Su esposo estaba angustiado.

La mujer le relató lo sucedido y de inmediato fueron al ministerio público a levantar una denuncia.

Ahí empezó un calvario, de incompetentes burócratas que sólo revictimizaban a la mujer. Cuando le preguntaron si podía describir a su atacante, la mujer dio muy pocas referencias ya que el hombre siempre se mantuvo de espaldas a la mujer y cuando la violaba, lo hacía en lugares muy oscuros.

––Uy señora pues así como lo vamos a encontrar... está difícil.

Y archivaron la denuncia.

El esposo de la mujer se dio cuenta que justo en la parada del camión donde la mujer fue abordada por el criminal, había cámaras de vigilancia. Así que le propuso a su esposa recorrer de nuevo ese trayecto e identificar las diversas cámaras que había en ese tramo. Así lo hicieron, y anotaron todo.

Llevaron esas anotaciones al Ministerio Público, y le dijeron a la pareja que ellos no podian acceder  a esas grabaciones, porque eran de negocios y que además "eran muchas".

El marido, exasperado, preguntó por qué no podían girar un oficio pidiendo esas grabaciones, que ahí podría verse la cara del criminal. Pero la autoridad le dijo que tenía mucho trabajo, que no podía hacer nada, que si acaso podría conseguirle una o dos grabaciones de esas. Si acaso...


¿A qué viene esta historia?

Pues que cuando la prensa y la autoridad ven un caso de secuestro y violación, sólo indagan a fondo cuando la mujer lo finge, como el caso de Karen Espíndola, quien en días pasados mandó un mensaje de Whatsapp a su familia avisándoles que había sido secuestrada por un taxista y al final resultó ser una falsa alarma, ya que la mujer se encontraba de parranda en un bar.

La prensa y la autoridad no tuvieron empacho en mostrar videos del lugar de los hechos, donde la mujer se ve que está divirtiéndose y bebiendo.

Esto hizo que ocurriera un linchamiento mediático que ha afectado a los movimientos feministas, minimizando las denuncias y acusándonos a las mujeres de mentirosas y exageradas.

¿Por qué en el caso de Karen sí la autoridad y la prensa fueron prontas y expeditas en encontrar grabaciones y publicarlas, pero en el caso de otras víctimas se hacen del rogar y les dicen "que flojera investigar"?

Pienso yo, que tanto la prensa (sí, la prensa, no se hagan, mosquitas muertas), y la autoridad sólo investigan a fondo los casos que son falsa alarma, para así demeritar las exigencias de los grupos feministas, para minimizar lo que realmente sucede en este país. Cuando bien pudieran ayudar a las miles de víctimas, niñas, mujeres, que diariamente son secuestradas, violadas y asesinadas. En esos casos, ahí sí, nadie puede acceder a las cámaras...

Qué casualidad.




jueves, 5 de diciembre de 2019

La tesis

Hace unos días, Carlos Slim dijo que las universidades no deberían ya pedir tesis para titularse ni tampoco examen profesional, sino que al terminar los estudios luego luego deberían ponerse a jalar.

Mmmh, ¿qué puedo decir sobre esto? Pues les voy a contar mi experiencia. Cuando yo terminé leyes, había dos opciones: 1. o hacer tesis 2. o hacer una tesina (que es como una investigación sobre cierto tema que te ponen los sinodales, pero sin tanto rigor como una tesis) junto con un par de materias de maestría.

Yo opté por la segunda opción, pues me pareció bien adelantarle a una maestría (aunque al final no la terminé). En cuanto a la tesina, fue un rollo porque nunca encontraba a los sinodales, siempre tenía que andarlos persiguiendo para que me revisaran el trabajo y le dieran el visto bueno. Al final, todo salió bien y hasta me gradué con mención honorífica.

En cuanto a mi segunda carrera, fue más fácil. Ya no era obligación hacer tesina ni tesis ni nada. Sólo pagué el trámite y ya.

Una amiga de leyes, por otro lado, prefirió hacer tesis. Le llevó un año hacerla, y durante ese tiempo no trabajó, se dedicó de lleno a la investigación y a la revisión con sus sinodales. Pero durante ese proceso sufrió mucho, porque era corrección, tras corrección, tras corrección. Los sinodales siempre son doctores en su rama, y son muy estrictos, muy perros, te cuestionan hasta cada punto y cada coma que escribes. Así que el que hace una tesis, mis respetos, de verdad se convirtió en un investigador.

Y es que para eso es la tesis, para investigar en algo de lo que nadie haya investigado antes. Para innovar, para proponer una solución a un problema actual. Y no se trata de hacer cualquier monografía como si estuvieras en la primaria, hay que echarle cerebro, consultar mucha bibliografía. En algunos casos, te topas con que ni siquiera hay tal bibliografía, así que tienes que hacer investigación de campo.

De las tesis se han logrado algunos descubrimientos, inventos, patentes o soluciones que se han aplicado posteriormente en la práctica.

(Lamentablemente no faltan los charlatanes que se fusilan la tesis de otra persona y salen impunes, pero ese es otro tema).

Y si son tan importantes las tesis ¿por qué ya nadie quiere hacerlas?

Bueno, en primer lugar, por la necesidad de trabajar. Para hacer una tesis bien hecha, necesitarías por lo menos pasar unos meses sin trabajar. Pero en este país con esta economía tan pinche, la necesidad puede más que la voluntad. Hay que jalar, hay que ganar dinero. El trabajo te quita tiempo y ya no tienes chanza de ir a la biblioteca ni mucho menos de andar citándote con los sinodales para que te revisen.

Segundo: Falta de aprendizaje. Para hacer una buena investigación, se necesita tener las bases de cómo hacerla. Nuestro sistema escolar no nos enseña a investigar, sino a "machetear", a memorizar los libros, pero los maestros no nos cultivan un sistema crítico, a cuestionar por qué las cosas están como están y si hay alguna manera de mejorarlas. Tampoco nos enseñan cómo armar una buena hipótesis ni cómo comprobarla. En pocas palabras, no sabemos cómo hacer una mugre tesis ni nadie nos enseña a hacerlo, y el que la hace es a base de prueba y error.

Así que las universidades han bajado las manitas y han preferido simplificar el trámite de titulación, a simplemente pagar y ya, para no tener miles de pasantes sin título, y arrojar más obreros a la sociedad capitalista, que no son capaces de cuestionar el por qué las cosas son así, ni tampoco son capaces de proponer soluciones.

A veces se nos olvida que las universidades fueron creadas para eso, para formar personas con sentido crítico y aportar algo al mundo. Pero en esta época, eso ha cambiado.








jueves, 28 de noviembre de 2019

Deshumanización

Cada vez me cuesta más trabajo leer las noticias porque diariamente leo al menos 4 o 5 notas de crímenes violentos. Cuando crees que ya lo has leído todo, que ya no hay nada que te pueda sorprender e indignar, surge otro crimen, más aberrante que el anterior.

No puedo creer el nivel de violencia que hay en el país, México. Y no me refiero precisamente a la violencia generada por el crimen organizado, que ya de por sí es horrible. Me refiero a la violencia familiar y la violencia contra la mujer.

Y es que en México ya no hablamos de crisis de valores. Hablamos de una deshumanización total. Ya no hay respeto hacia el ser humano. Ya no hay respeto hacia la mujer. Las muertes que he leído son estrujantes y horribles, conllevan un grado de tortura que jamás me hubiera imaginado que una persona fuera capaz de hacer.

¿Por qué los hombres son tan malos?

¿Por qué ese odio hacia la mujer?

No tengo palabras.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Los príncipes de Disney

Hace tiempo leí un libro buenísimo llamado "Mordiendo manzanas y besando sapos: Lecciones de las princesas para la mujer moderna" de la autora Dolly Mallet, donde hace una interesante deconstrucción y análisis de cada una de las princesas Disney, desde Blancanieves hasta Mulán, relacionando cada una de ellas de acuerdo a la situación social y cultural que vivía la mujer acorde a la época en que cada película fue estrenada. El libro es muy interesante y les recomiendo mucho que lo lean.

Pero ahora me quedo pensando ¿y qué hay de los príncipes? ¿Reflejan la situación que vivían los hombres de acuerdo a la época de cada película?

Vamos a hacer un pequeño análisis.

Blancanieves (1937). El príncipe aparece en pocas escenas. Corteja a Blancanieves, de manera muy romántica y se desaparece, para regresar al final y darle el beso con el que ella despierta. 

En 1937 el papel del hombre era el de ser proveedor del hogar. Salía de casa y regresaba en la noche, y esperaba que su mujer lo recibiera con una buena cena, la casa limpia y los niños aseados y listos para dormir. No se involucraba mucho en la crianza de los hijos, ese papel estaba relegado a la esposa, por lo que él llega cuando todo ya está resuelto, y darle a su esposa su beso de buenas noches.

Cenicienta (1950). El príncipe es el gran ausente de la película. Es un muchacho frívolo, narcisista, que deja en su padre la tarea de buscarle una esposa. Es este quien con ayuda de su consejero real, organizan un baile para que asistan todas las mujeres del reino y su hijo escoja entre ellas la que más le guste. Él elige a Cenicienta, por supuesto, y al dar la medianoche ésta huye dejando tirada su zapatilla de cristal. Pero al final, vemos que quien busca con desesperación a la dueña de esta zapatilla, no es el príncipe, sino el Consejero Real por órdenes del rey. El príncipe sólo aparece al final, listo para casarse. 

En 1950 tenía poco de haberse terminado la Segunda Guerra Mundial. Los jóvenes que habían partido a la guerra regresaban a casa, después de largos periodos de ausencia, en medio de triunfos y glorias. Las mujeres que durante ese periodo trabajaban en las fábricas supliendo la falta de mano de obra, fueron regresadas a sus casas, para seguir como esposas y madres de familia. El hombre sólo llegaba a lo que ya estaba hecho y a recuperar su papel como amo y señor de la casa.


La Bella Durmiente (1959). Aquí vemos un príncipe más proactivo. No sólo corteja a Aurora, sino que lucha por ella y vence a Maléfica... claro, ayudada por tres hadas madrinas, pero al menos ya vemos a un príncipe que si le entra a los madrazos (aunque se queda con todo el crédito). 

En 1959 ya vemos una sociedad que avanza hacia la industrialización y la modernidad. Los rusos lanzan su primer cohete al espacio y Estados Unidos no se queda atrás. Se da la revolución cubana, la guerra fría. Los hombres están involucrados con la política. Siguen siendo los proveedores del hogar, buscan un buen trabajo, una linda esposa, compran una buena casa y tienen varios hijos. Buscan el éxito profesional a la par que cuidan de su familia. Tienen muy en claro que de ellos sacar adelante a los hijos, darles educación, techo y comida. Al igual que en el cuento, no se reconoce la importancia del papel de la mujer en la sociedad.

La sirenita (1989). El príncipe Eric encarna al típico yuppie de finales de los 80's, aventurero, despreocupado, por primera vez vemos a un príncipe que se viste muy informal, sin uniforme militar, con la camisa abierta y melena alborotada. Evade sus responsabilidades como príncipe, busca echarse a la mar y enamorarse de sirenas que le canten bonito. 

Estamos a finales de los 80's y principios de los 90's, época en que los hombres ya no se conformaban con entrar desde abajo e ir escalando puestos hasta llegar a ser directivos. No, en esta época son muy ambiciosos, escalan muy rápido la jerarquía. Si eras joven y ya eras gerente o presidente de una compañía significaba que ya habías alcanzado el éxito profesional. En cuestión familiar, ya no se casan tan jóvenes, en cambio prefieren gozar de la vida, andar con varias mujeres, hasta encontrar la adecuada.

La Bella y la Bestia (1991). El príncipe es una bestia, un animal, violento, impulsivo, egoísta, gritón, peleonero... hasta que conoce a la chica que lo cambia y se enamora de ella. Como punto a su favor, tiene una gran biblioteca, o sea que es un hombre culto. 

Principios de los 90's. Los hombres empiezan a inconformarse con la sociedad, vemos el nacimiento del grunge, con rockeros greñudos, mal vestidos, canciones pesimistas y llenas de tristeza y odio, autodestrucción. Aunque eso sí, muy sensibles. Esperan que llegue alguna chica que los saque del fondo de su círculo vicioso...

El concepto de la familia comienza a devaluarse y repuntan los índices de divorcio.

Aladdin (1992) Tenemos por primera vez a un héroe que no es príncipe, sino un vulgar ladrón que gracias a un genio de la lámpara, consigue riquezas y logra seducir a una preciosa princesa árabe que viste ropas muy ligeras, la lleva de paseo en su alfombra mágica a ver las estrellas.  

Los hombres ya no quieren el papel de ser esposos proveedores del hogar. Ellos lo que quieren es dinero fácil, chicas fáciles, divertirse y ya.

Y hasta aquí le dejo, mañana le continuamos.

¿Qué opinan ustedes?

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