-Vente conmigo de viaje.- dijiste.
Me quedé callada, sin saber qué responder. El estómago se me hizo un nudo. Odiaba esa sensación. Sabía perfectamente a qué se debía. Era la lucha interna entre el querer y el deber ser.
Pusiste los folletos sobre la mesa. Eran como sesenta páginas a color, que decía EUROPA, y venía todo un collage de fotografías de España, Inglaterra, Francia, Suiza, Alemania, Holanda, y otros países del viejo continente.
-Será un viaje de 15 días.- me explicaste. -Llegaremos primero a Londres, y de ahí nos trasladaremos a Madrid, Barcelona, y seguiremos por París...
-¿Cuánto cuesta?- pregunté.
-De eso no te preocupes. Yo lo pago.
Me quedé sorprendida, quizá porque no esperaba que alguien desembolsara tanto dinero por mí. Estaba acostumbrada a pagarme mis propias cosas, mis propios viajes, mi propia vida. Pero también estaba asustada. Si tú pagabas, significaba que iría para algo más.
-¿Entonces? ¿Qué dices?
-No sé. No estoy segura.
-¿Segura de qué?
-Pues no quiero que gastes tanto dinero. Mejor primero ahorro, y me pago mi pasaje.
-Ash. Ya te dije que yo lo pago.
-Pero además en el trabajo no me dan tantos días de vacaciones. Muy apenas me dan una semana, y eso regatéandole mucho al jefe.
-¡Vamos!¡Es Europa!
Sí, era Europa. ¿Cómo podía negarme? Eran oportunidades que no se daban todos los días... y ahora con mayor razón. Iría contigo, si es que iba. Estaría dos semanas, junto a ti. Probaríamos la comida francesa, beberíamos vinos de España, caminaríamos por lugares milenarios, tomados de la mano, como dos amantes fugitivos, los dos solos. Tú y yo.
El corazón se me aceleraba de alegría, pero también, se me paralizaba en momentos.
-¿Qué pasa? - preguntaste.
Sabía que ya habías adivinado mi dilema con sólo ver mi cara. Me puse más paliducha de lo que usualmente ya era, y mis ojos esquivaban tu mirada.
-Es que me preocupa... lo que dirán si me voy contigo.
Tu rostro dibujó una expresión de asombro.
-¿Qué?
Y es que me preocupaba que me vieran como una chica fácil, que se largaba con el novio, como si fuera una escort.
-Mi amor, no puedo creer que me digas eso... ¡Qué te importa lo que diga la gente! ¡Somos novios!
-Sí, pero si voy contigo, es obvio que no dormiríamos en cuartos separados, y todos dirán que yo...
-Ash.
Tomaste los folletos, y los enrollaste, molesto.
-¿Por quién me has tomado? En todo este tiempo nunca te he presionado para que hagas algo con lo que no estés a gusto.
-Sí, yo sé.
-¿Entonces por qué crees que iré a hacerte daño?
-No, no se trata de eso. Es que...
-Es que te preocupa mucho la opinión de la gente. - dijiste.
-Pues sí. - admití.
Tu enojo se convirtió en tristeza.
-Había planeado esto para nosotros. - dijiste. - Te amo mucho, y quería darte algo especial.
Entonces me sentí mal.
-Déjame pensarlo. - respondí.
-Como digas.
Te marchaste sin darme siquiera tu rutinario beso.
Me quedé sentada, preocupada, pidiendo a gritos una respuesta que mi mente se negaba a darme.
Irme de viaje contigo, sin estar casados. Era tentador, porque sería como una aventura, pero también tenía miedo... de varias cosas...
Aunque tenías razón. En todo este tiempo nunca habías hecho o dicho algo que me hiciera sentir mal. Hasta eso, tenía que reconocer que tú eras muy respetuoso y romántico conmigo.
Llegué a mi casa. Todavía seguía pálida, con dolor de estómago, muerta de los nervios. Mis papás estaban en la sala.
Inhalé aire profundamente.
-Me voy de viaje con mi novio. Dos semanas, en Europa.
Y de pronto, la inseguridad desapareció. Mi semblante se relajó, y no pude más que sonreír.