martes, 18 de febrero de 2020

Cuando sales de clases y tu papá no ha llegado...

Hace algunos días, se publicó la noticia del asesinato de una niña llamada Fátima. Salió de la escuela, y su mamá no estaba. La señora llegó 20 minutos tarde por ella. Para cuando la señora llegó, no la encontró. La escuela estaba cerrada y la niña desaparecida. Lamentablemente la hallaron después, en una bolsa,  desnuda, con huellas de tortura y muerta.

Mientras que en otros países de primer mundo, como Japón, los niños desde los 5 años van solitos a la escuela, caminando, tomando el metro y ningún adulto los molesta (al contrario, los ayudan a llegar sanos y salvos a su destino) en México esto es imposible. Dejar a un niño solo es un riesgo. 

Muchos le echan la culpa a la mamá, por llegar tarde. Como siempre, revictimizan a las víctimas en lugar de castigar a los culpables. 

Pero lo que quiero compartir es cómo eran las cosas en mi colegio, cuando era niña. 

Mi colegio era de monjas, en ese entonces solamente estudiaban niñas ahí. 

A la hora de la salida, las maestras salían con su grupo a la banqueta. No dejaban que las niñas se fueran por su propio pie. El papá o la mamá tenían que venir por ella. Cuando quedaban pocas niñas, las maestras las devolvían al interior del colegio. Se quedaban en una sala de espera y cerraban las puertas del colegio. Una sor se quedaba cuidándolas. 

Si el papá o la mamá llegaban tarde, la sor abría la reja y entregaba a la niña. 

También las sores tenían prohibido que los vendedores ambulantes rondaran por el colegio. Los corrían y a nosotros nos tenían prohibido comprarles. 

Sí, eran muchas medidas y prohibiciones. Pero funcionaba. Ninguna niña se perdía o era secuestrada. Es más, tenía una amiga, cuya mamá era super olvidadiza. La señora la venía recogiendo una hora después de la salida. Y mi amiga nunca se quedaba sola en la calle esperándola. Las sores la metían adentro del colegio, cerraban las puertas con candado y sólo la dejaban salir hasta que la mamá venía por ella. 

Pero esto sólo ocurría en mi colegio. Ni en otros colegios ni mucho menos en las escuelas de gobierno tienen esta costumbre. Dejan a los niños afuera, en la banqueta, y los maestros se van a sus casas. 

Ellos dicen que es responsabilidad de los papás venir a tiempo por ellos. Pero muchas cosas pueden ocurrir. A veces los jefes los tienen trabajando tarde y no tienen tiempo de salir a recoger a los niños. O pueden sufrir un choque, un accidente en el camino. O el tráfico puede estar muy pesado. No sé, puede haber mil situaciones por las cuales a veces no se llegue a tiempo. Y aquí el único que sufre es el niño, pues queda expuesto a peligros, como fue el caso de Fátima. 

Fátima se quedó sola, en la calle, sin que nadie la cuidara. Eso la hizo presa fácil de una secuestradora. (Dicen que se trataba de una vendedora ambulante que vendía papitas afuera de la escuela) y se la llevó por ahí y se la entregó a otra gente que terminó violándola y matándola. 

Las escuelas deberían tener un protocolo en esos casos. No dejar a los niños solos en la calle, sino resguardarlos el tiempo que sea necesario. Porque aquí el único perjudicado no son los maestros, ni los papás, son los niños. 

lunes, 10 de febrero de 2020

Delito es...

Cuando tenía 18 años y estaba en Leyes, en la materia de Derecho Penal me tocó como maestro un viejito bastante enojón.

Era un licenciado con muchos años dando clases en la universidad, y se sabía el Código Penal al revés y al derecho.

Un día, no me acuerdo muy bien qué pasó, pero el caso es que todos estábamos distraídos, platicando y no le hacíamos mucho caso mientras él hablaba. Así que él se enojó y nos dijo: "Voy a pasar de uno por uno al frente y van a tener que decirme de memoria la definición de Delito. El que no se la sepa le voy a poner un cero".

Todos nos quedamos en shock. Entonces sacamos el libro de la mochila y empezamos a memorizar la definición. Uno por uno fue pasando al frente. Si te equivocabas en una palabra, ya valió madre, reprobado.

Hasta los más flojos se aprendieron la definición, por puro miedo de salir reprobados.

Veinte años después, me sigo acordando de la definición de memoria.

"Delito es un acto antijurídico, culpable, punible e imputable". 


martes, 28 de enero de 2020

La rifa del avión

Generalmente soy apolítica, no me pongo a hablar mucho sobre estos temas. Pero a veces suceden tantas cosas tan absurdas en México que es imposible no hablar de ello.

Resulta que nuestro presidente, López Obrador, dijo desde un inicio de su gobierno que pondría a la venta el avión presidencial, para sacar lana que se utilizaría en otras obras sociales.

Desde un principio esa propuesta me pareció absurda, porque ¿quién compraría un avión de esa magnitud? Ni siquiera las aerolíneas se apuntaron, mucho menos los particulares.

Si al ver el desinterés por comprar semejante armatoste, el presidente hubiera reconocido que "ok, no se pudo vender, pero va a seguir al servicio del gobierno", yo hubiera dicho "bueno, no hay problema".

La cosa es que se amachó con la idea, y no quitó el dedo del renglón, y se le ocurrió rifarlo. Sí, rifarlo. A $500.00 el boleto.

O_O

¿Para qué?

¿Y el que se lo gane qué va a hacer con él? Ni siquiera va a tener un hangar donde "estacionarlo". Tampoco va a tener recursos para operarlo.

Me recuerda ese episodio de Los Simpson donde Bart participó en un programa de radio y le dieron a escoger el premio y el se empecinó con que quería un elefante.

Al final lo obtuvo, pero su familia no podía mantenerlo. No cabía en el patio, no tenían con qué alimentarlo, causaba más daños que beneficios.

Pues algo así pasará con el ganador del avión. O eso me imagino.

Yo que AMLO dejaría este tema por la paz.


sábado, 25 de enero de 2020

Mujercitas

Uno de los primeros libros que recuerdo haber leído por gusto y no porque me lo encargaran en la escuela es "Mujercitas" de Louisa May Alcott.

Este libro lo encontré en la biblioteca infantil y me llamó la atención por sus ilustraciones. Un montón de niñas rubias con vestidos antiguos muy hermosos, con peinados muy lindos y listones en la cabeza, sentadas en el jardín tomando el té, o frente a la chimenea mientras una de ellas tocaba el piano.

No recuerdo exactamente qué edad tenía cuando lo leí, pero calculo que tenía entre ocho o nueve años. La historia me gustó. Cuatro hermanas que se quedan en casa con su madre mientras el padre está en la Guerra civil.

De todos los personajes, mi favorito siempre fue Jo, porque era audaz, decía siempre lo que pensaba, y sobre todo, porque le gustaba escribir. Yo creo que Jo fue quien hizo que naciera en mí la inquietud de convertirme en escritora.

Me gustaba mucho la relación que Jo tenía con su vecino Laurie. Ella siempre lo alentaba a ir más allá, a aventurarse y a ser más extrovertido. Y Laurie por su parte, la introducía en su mundo de alta sociedad, bailaban juntos, se divertían mucho.

Las otras hermanas me parecían sosas o caprichosas. Meg era sumisa y sólo se preocupaba por el "qué dirán", Beth era extremadamente tímida y callada, aunque era la más dulce de todas pero su carácter introvertido a veces hacía que pasara inadvertida en la trama, y Amy era la más chiflada de las cuatro por ser la más consentida de la familia.

Tiempo después leí la continuación de esta novela, "Hombrecitos" y me disgustó mucho saber que Jo y Laurie no se casaron. Que Laurie se casó con la caprichosa de Amy y que Jo se casó con un profesor.

Pero bueno, a lo que voy es que esta historia ha sido adaptada muchas veces a la pantalla grande, y en la actualidad dudo mucho que las niñas se interesen en ella, ya que la historia resulta anacrónica para estos tiempos.

Las niñas ahora cuentan con muchas oportunidades en la vida, son más empoderadas, menos sumisas, y personajes como Meg, Beth y Amy les pueden resultar exasperantes. Quizá se identifiquen con Jo, aunque Jo en su tiempo era como la que rompía estereotipos y en cambio ahora es el común denominador.

A pesar de todo, sigo recordando con cariño esta historia, pues me traslada a aquella época de mi infancia en que leía el libro en una semana, mientras comía dulces y soñaba con convertirme en Jo.


jueves, 16 de enero de 2020

Cuando los inviernos eran más fríos

Los inviernos en Monterrey se han vuelto muy calurosos. Las temperaturas más "frescas" rondan más o menos como entre los 17 grados en las mañanas pero luego va subiendo a 25 grados durante el día. Tengo ropa de invierno que no he usado desde hace muchos años. En especial un abrigo de lana, que compré hace años. Es muy elegante, color negro, con botones de cuero. Fue la primer cosa que compré con mi primer sueldo.

Pero tengo más de cinco años de no usarlo, porque las temperaturas en invierno son cálidas.

Y la verdad este año sí tenía muchas ganas de ponérmelo, pero el frío parece que ya nunca va a volver. Gracias al maldito calentamiento global.

Enojarme por el calentamiento global es como si me enojara con la pared. Lo que yo haga es muy mínimo y no tiene impacto en la naturaleza. A veces no uso el coche, hago mis vueltas a pie. Pero me da mucha impotencia ver el cielo sucio, contaminado.

Es increíble cómo el clima ha cambiado tanto en pocos años. Antes los inviernos eran fríos, con lloviznas que se convertían en aguanieve. Recuerdo uno, en 1997. Yo iba saliendo de la universidad y vi toda la ciudad cubierta de nieve. Fue muy divertido. Pero también recuerdo otros inviernos. Uno del 2004, donde yo ya estaba trabajando y en mi hora de comida fui a caminar por el centro. Llevaba precisamente ese abrigo que les digo y me fascinó verlo cubierto de pequeñas pelusitas de hielo.

Supongo que esos inviernos ya no van a volver. Para vivir el invierno tendría que mudarme a otro país, como Canadá.

Qué triste.