jueves, 16 de enero de 2020

Cuando los inviernos eran más fríos

Los inviernos en Monterrey se han vuelto muy calurosos. Las temperaturas más "frescas" rondan más o menos como entre los 17 grados en las mañanas pero luego va subiendo a 25 grados durante el día. Tengo ropa de invierno que no he usado desde hace muchos años. En especial un abrigo de lana, que compré hace años. Es muy elegante, color negro, con botones de cuero. Fue la primer cosa que compré con mi primer sueldo.

Pero tengo más de cinco años de no usarlo, porque las temperaturas en invierno son cálidas.

Y la verdad este año sí tenía muchas ganas de ponérmelo, pero el frío parece que ya nunca va a volver. Gracias al maldito calentamiento global.

Enojarme por el calentamiento global es como si me enojara con la pared. Lo que yo haga es muy mínimo y no tiene impacto en la naturaleza. A veces no uso el coche, hago mis vueltas a pie. Pero me da mucha impotencia ver el cielo sucio, contaminado.

Es increíble cómo el clima ha cambiado tanto en pocos años. Antes los inviernos eran fríos, con lloviznas que se convertían en aguanieve. Recuerdo uno, en 1997. Yo iba saliendo de la universidad y vi toda la ciudad cubierta de nieve. Fue muy divertido. Pero también recuerdo otros inviernos. Uno del 2004, donde yo ya estaba trabajando y en mi hora de comida fui a caminar por el centro. Llevaba precisamente ese abrigo que les digo y me fascinó verlo cubierto de pequeñas pelusitas de hielo.

Supongo que esos inviernos ya no van a volver. Para vivir el invierno tendría que mudarme a otro país, como Canadá.

Qué triste. 

miércoles, 8 de enero de 2020

Reseña serie: You

Empecé a ver esta serie pensando que se trataba de una historia romántica pero luego me di cuenta que para nada tiene que ver con romance. Al contrario. Es la historia de un acosador de mujeres, sociópata y obsesivo.

La premisa es simple. Joe, un tipo insignificante y mediocre, (aunque atractivo) trabaja como empleado en una librería. Un día llega una clienta que lo deja deslumbrado. Una rubia hermosa, extrovertida que le hace plática mientras busca un libro. Desde entonces él se obsesiona con ella y la espía por redes sociales hasta dar con su dirección.

Y bueno, no les cuento más porque la trama va de eso, de la obsesión de Joe por aquella chica, y él en su mente cree que eso es amor, pero nada más alejado de la realidad. Joe es un tipo oscuro y peligroso. Aunque no sabemos mucho del pasado del personaje, solo por pequeños flashbacks que dan a entender que tuvo una niñez llena de abusos.

Debo decir que la primera temporada está muy buena. La historia es redonda, un poco predecible pero eso no molesta porque  ya sabemos que Joe está loco, lo vemos escalar en niveles que rayan en la psicopatía.

La segunda temporada ahí no me terminó de convencer mucho, porque los elementos que funcionaron en la primera los vuelven a repetir en la segunda. Otra vez una obsesión, otra vez él queriéndose hacer pasar como héroe con personas indefensas... y SPOILER ALERT: resolvieron todo matando a la mitad del elenco. Se nota que en esta segunda temporada no trabajaron bien en el guión,  y decidieron asesinar a la mayoría de los personajes para no darles seguimiento.

Creo que lo ideal hubiera sido que esta serie terminara en la primera temporada, pero ya van por la tercera. A ver qué sucede, esperemos que la tercera sea más interesante.

Aún así, recomendable.



martes, 7 de enero de 2020

Trabajar en equipo

De niña no me gustaba trabajar en equipo. Porque yo siempre fui de las niñas estudiosas, perfeccionistas e hiper responsables, que quería tener todo listo con mucha anticipación y a veces me tocaba compañeros que no hacían su parte y eso me estresaba mucho, en ocasiones yo terminaba haciendo todo el trabajo.

Más grande, en la universidad, me tocó hacer también trabajos en equipo y era todo un rollo coordinarse con las personas. Una vez incluso terminamos peleando y discutiendo, porque unos no habían hecho nada y ya faltaba muy poco para presentar el trabajo. Mis amigos recuerdan ese momento porque fue la primera y única vez que les grité y los regañé. Nunca antes había gritado pues suelen definirme como una persona pacífica y diplomática, pero en esa ocasión me colmaron el plato.

A lo que voy es que no estamos acostumbrados a trabajar en equipo. No lo hacemos bien. Y eso se refleja ya en la vida adulta.

El ejemplo más evidente es cuando trabajas una empresa. Todo está dividido por departamentos. Un departamento hace algo, envía un reporte a otro departamento, éste a su vez trabaja con esa información y reporta sus resultados a otro departamento y así va la cadena de trabajo. Los resultados terminan en manos de los directivos, gerentes. Y cuando algo está mal, el regaño va parejo. A veces sucede que alguien en la cadena de trabajo no te entrega la información a tiempo. O te la entrega mal, equivocada. Todo eso afecta.

Otro ejemplo es cuando trabajas como freelance. También trabajas en equipo, con tu cliente. Pero a veces el cliente no cumple su parte. No te entrega la información o los requerimientos para hacerle su trabajo. No te paga. No responde tus mensajes. Se pasan fechas. Y a pesar de que le mandas recordatorios, no puedes hacer más. Si la otra parte no coopera, es difícil sacar la chamba adelante.

En conclusión, hay que hacer conciencia de nuestras responsabilidades. Todos somos adultos, y se supone que sabemos lo que tenemos que hacer, cuándo lo tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. No esperen a que les caiga el tiempo encima. Tampoco sean chambones, hagan las cosas con esmero. Sólo así funciona el trabajo en equipo. 

viernes, 27 de diciembre de 2019

Párpados caídos

Hasta hace poco, yo no sabía que mis párpados eran defectuosos.

Hace como 5 años, tomé un curso de maquillaje, y la maestra me dijo que yo tenía "párpados caídos". Y no, no es que precisamente los tenga caídos como Paris Hilton, o chuecos ni nada por el estilo. Es que así se le dice cuando tienes párpados gorditos, algo así como esto.


A veces me molesta como entre mujeres son capaces de marcar como defectos cosas que antes ni siquiera las hacías en la vida. Desde entonces, procuro maquillar mucho mis ojos, y tengo que utilizar mil brochas para dar la sensación de que son párpados más abiertos.

Pero no es suficiente, ya que quien sabe cómo, pero la gente me ve y cree que no me maquillo. Por más que les explique que sí usé corrector, sombras, delineador y rímel, las mujeres ven mis ojos y piensan que no me los maquillé. Y varias personas me han insistido que use pestañas postizas (o sea, ahora resulta que mis pestañas también son defectuosas).

No es que esté en contra del arreglo personal, es que no entiendo cómo algo tan insignificante sea  marcado como dejadez.

Lo curioso es que he conocido hombres que dicen que prefieren a las mujeres al natural, sin maquillaje. O sea que una aquí, afanándose por pintarse los ojos y resulta que a los hombres les da igual.




lunes, 16 de diciembre de 2019

Yo quiero ganar 10 millones

Les confieso que suelo comprar boletos de sorteos. Llámese sorteo Tec, siembra cultural, lotería nacional, etc.

Siempre lo hago con la ilusión de ganarme el primer premio (o por lo menos el segundo o el tercero). Y quién no, todos los que compran tienen la misma intención.

Y es que la verdad, me gustaría ganar el primer lugar porque sueño con poder hacer lo que realmente me gusta y no tener que preocuparme por trabajar para ganarme la vida.

Si yo ganara 10 millones, me gustaría comprar una casita o un depa y decorarlo a mi gusto. Cambiar mi coche por uno más nuevo. No preocuparme por mi ahorro para el retiro. Viajar al extranjero, sin preocupaciones... pero sobre todo, sobre todo, poder dedicarme a escribir y pintar, que es lo que más me apasiona.

Así que cuando veo las listas de premios, me desilusiono al ver que mi boleto no ha ganado. Y que tengo que seguir en esta "carrera de ratas" como la llama Robert Kiyosaki en su libro "Padre Rico, Padre Pobre". Trabajar para vivir, vivir para trabajar.

Sin embargo, nuevamente caigo en la tentación y compro otro boleto, con la ilusión de que ahora sí, salga premiado.