jueves, 28 de mayo de 2020

Reseña película: Ya no estoy aquí

Ayer estrenaron en Netflix una película filmada en Monterrey hace algunos años y que hasta ahora sólo se había proyectado en salas de cine independiente.

La película se llama "Ya no estoy aquí" y trata la historia de Ulises, un pandillero "cholombiano"  que vive en la Sierra Ventana, una zona marginal de Monterrey y que por problemas con otra pandilla termina huyendo al otro lado.

Como regiomontana, puedo decirles que esta película está interesante y sí es recomendable, aunque es muuuuy regional, así que para los que no conocen Monterrey o sólo conocen la parte turística, les costará mucho trabajo entender las referencias locales y la forma de hablar de los cholillos. Incluso por los comentarios que he leído de los propios regios, hay opiniones encontradas, unos aplauden la película, otros dicen que se quedó corta y otros (los que viven en su burbuja de cristal) la encontraron aburrida.

Pero para que más o menos se den una idea del contexto, aquí van mis comentarios.

En Monterrey a principios de la década de los 2000 empezó una moda urbana en esas zonas de la Independencia, Sierra Ventana, Cerro de la Campana y otras zonas marginales. Se hacían llamar "cholombianos" o "kolombianos". Eran jóvenes pandilleros que eran aficionados a la música vallenata colombiana. Cómo llegó esta música a Monterrey es un misterio, algunos dicen que fue gracias a Celso Piña, otros dicen que la trajeron los chicanos que venían de EU, en fin, nadie sabe bien de dónde empezó el gusto por esa música. El caso es que no sólo la aceptaron, sino que la modificaron a su antojo, la ponían más lenta, (ellos le dicen "rebajada"). Y organizaban bailes masivos donde los cholillos iban a lucirse con sus pasos.

Además, tenían una forma de vestir muy exótica. Camisetas en tallas extra grandes, pantalones anchos, cachuchas, paliacates, escapularios. Las mujeres por otro lado usaban tops y shorts pequeños, luciendo casi todo el vientre y espalda.

Lo más excéntrico eran los peinados, se embarraban de gel y se aplanaban el cabello, se decoloraban otras partes, y se rapaban parte del cráneo.

En esa época yo era estudiante, me iba en camión a la universidad y la ruta pasaba por la colonia Independencia, así que me tocaba ver a esos cholillos. Pero la mayoría de las veces era gente que andaba en sus propios rollos, no se metían con nadie.

La Jornada: Espectáculos

Amanda Watkins ama los cholombianos - VICE

Pero durante el sexenio de Felipe Calderón y su absurda guerra contra el narco, todos estos chavos eran reclutados por el crimen organizado. Los narcos iban en camionetas al cerro, interceptaban a estos chavos y los invitaban a formar parte de sus filas, por las buenas o por las malas.

Esto fue más o menos como entre el 2009-2011. En esa época hubo mucha violencia en Monterrey, narcobloqueos, secuestros, asesinatos, decapitaciones. La gente tenía mucho miedo a salir a las calles. El gobierno sólo demostró ineptitud en el manejo de este problema. Con el cambio de presidente, las cosas más o menos se calmaron, pero Monterrey ya no volvió a ser igual.

Pues bien, de eso trata más o menos la película, es como una "fotografía" del Monterrey de aquel entonces, pero no esperen un documental y mucho menos esperen algo como las series de narcos. No, eso no lo van a encontrar aquí. Lo muestran, pero no es el eje principal de la película. Tampoco esperen un final concluyente, porque eso tampoco sucede. Es más bien un final abierto, como la herida de ese Monterrey que nunca llegó a cicatrizar.

Lo que encontrarán en la película es un vistazo a cómo se vive en esas zonas marginales, y una historia personal, de un adolescente que de golpe tiene que abandonar todo (familia, amigos, ciudad, música), e irse a otro país donde nadie le entiende y donde se siente como pez fuera del agua, y se la pasa añorando y sintiendo nostalgia por su tierra pero como todo en la vida, las cosas cambian y nada vuelve a ser igual.

Ignoro si todavía hay pandillas de cholombianos, la verdad como hace muchos años que no ando en camión ya no me entero de mucho. (sí, soné muy "fifí").  Pero por donde vivo está más o menos cerca de esa zona (Así es Monterrey, de un lado están las colonias de clase media y del otro, las marginales).  Y por las noches, cuando no hay ruido en la avenida, se alcanza a escuchar a lo lejos música vallenata y unos seis o siete disparos que terminan la fiesta. 

martes, 5 de mayo de 2020

Pasatiempos de cuarentena

Hola mis estimados lectores blogueros.

Ya sé que los he tenido muy abandonados. Lo que pasa es que la docencia me ha mantenido bastante ocupada. Y ahora que estamos en cuarentena, todas las clases las tengo que impartir en línea, así que ahí me tienen a las 10 de la noche haciendo power points para los muchachos.

Como no soy experta en esto, mis power points están bien básicos, nomás letras negras en fondo blanco. A veces si tengo tiempo, les agrego una imagen. Pero es que ya de por sí es muy trabajoso hacer eso... eso del diseño no se me da.

En fin. He estado tan ocupada en esto y con lo de mi trabajo normal, que este encierro se me ha pasado rápido. Claro, hay cosas que sí extraño mucho, como mis clases de pintura o ir por mi café a Starbucks o desayunar en Tim Hortons. Eran rutinas que yo ya tenía en mi agenda así que las echo de menos.

Pero así están las cosas, y me imagino que todos ustedes pasan por lo mismo.

Y bueno ¿qué hago en mis ratos "libres"?

Dormir. Sí, curiosamente me ha entrado mucho sueño en estos días. Había intentado dejar el café, pero sí me hace falta o si no ando somnolienta todo el día. Aunque en las noches tengo insomnio, lo que me hace concluir que más bien lo que anda mal es mi horario de sueño.

Segunda cosa: pintar. Últimamente estoy pintando acuarelas. Luego les compartiré algunas imágenes.

Tercera cosa: hacer ejercicio. Encontré unas rutinas de ejercicio con música disco. Las probé y me gustaron. Una se llama Never Stop Dancing y la otra Retro fitneess. Ahí búsquenlas en YouTube, están buenas porque la música disco es muy alegre.

Y bueno, por ahora eso es todo. Ando sin mucha inspiración así que no he escrito ninguna novela ni nada. Ojalá las musas vengan a inspirarme.

¿Y a ustedes cómo les va en estos tiempos? 

jueves, 2 de abril de 2020

sueños sobre el fin del mundo

Hace como unos cuatro o cinco años tuve un sueño curioso. Soñé el fin del mundo, pero no soñé cosas apocalítpicas como las que proyecta Hollywood en sus películas. No soñé guerras, ni bombas, ni catástrofes naturales, como terremotos, huracanes o volcanes en erupción.

Soñé que el fin del mundo era silencioso, los humanos simplemente nos extinguíamos como especie. Las calles se quedaban vacías, ya no se escuchaban ruidos, la naturaleza recobraba sus antiguos territorios, los animales vagaban por ahí.

Y recordé mi sueño hace unos segundos, porque el escenario al que nos enfrentamos ahora es muy parecido a como lo soñé.

Bueno, solo les comparto mi sueño, no con intención de alarmar o hacerlos sentir tristes. Son sólo de esas reflexiones que a veces surgen mientras miras por la ventana. 

sábado, 21 de marzo de 2020

Pandemia

Todo esto de la pandemia nos tiene a todos preocupados y con desánimo. No hay a donde huir, esto está en todo el planeta. Hay países peores que otros. Pienso mucho en Italia. Hace diez años (¡diez años ya!) de mi viaje para allá. Un país hermoso, con bellos paisajes, arquitectura, gente alegre y dinámica. Hoy está sumida en la tristeza, el virus ha pegado fuerte allá, la gente está en cuarentena obligatoria y los muertos se cuentan por cientos.

El hecho de que este virus esté en todo el planeta (y que desgraciadamente se está multiplicando en México gracias a la irresponsabilidad de los viajeros), hace que me pregunte si acaso ya estamos viviendo el Apocalipsis, el fin del mundo.

Bueno, no quiero ser fatalista. Pero estamos viviendo algo inédito.

Pienso en los niños, en sus recuerdos de la infancia quedará que tuvieron que permanecer encerrados en casa, por semanas, sin poder salir a jugar. Que celebraron sus cumpleaños a puerta cerrada, sin sus amiguitos, sólo con sus papás y hermanos.

Pienso en los jóvenes, que suspendieron las clases para ahora estar aislados, en sus casas, tomando la clase frente a una pantalla.

Y sobre todo pienso en esa sensación de vulnerabilidad, desconfianza y aislamiento que todos vivimos. Salir a la calle con miedo a que alguien tosa o estornude cerca de nosotros, lavarnos las manos diez veces al día (o más), sin poder ir al cine, a fiestas, a nada.

Bueno, tampoco es que yo sea tan extrovertida. Estoy acostumbrada a pasar mucho tiempo en casa, pero aún así, las malas noticias nos llegan por todos lados.

También pienso que este año va a ser difícil encontrar el amor. ¿Cómo salir y conocer gente en estos tiempos? Imposible.

Habrá que esperar, ¿hasta cuándo? Quien sabe...

domingo, 15 de marzo de 2020

Caldo de murciélago

Hasta hace unas semanas no imaginaba que la extraña costumbre de los chinos de comer animales exóticos nos iba a afectar mundialmente.

Recuerdo que a inicios de Enero, alguien posteó en Facebook un video de cómo un grupo de chinos comía alegremente caldo de murciélago. El animal negro, retorcido, con el hocico abierto, flotaba en un plato con caldo y enseguida una china lo tomó con palillos y le dio una mordida, saboreándoselo.

No solamente el murciélago era parte del menú. También se comían otros animales, como sapos vivos, ratones, y otros bichos raros. Un chino agarraba un ratón vivo, lo remoja en salsa y se lo come de un bocado. Otro tomaba un sapo vivo, le arrancaba la cabeza con los dientes y sorbía las vísceras como si se tratara de un manjar.

El video me provocó náuseas, (obviamente no lo comparto por ese motivo, pero supongo que lo podrán encontrar en Youtube).

Después se supo que las autoridades clausuraron ese mercado, porque había aparecido un extraño virus.

El problema fue que se tardaron mucho en hacerlo. Para ese entonces la epidemia ya se había salido de control en esa ciudad. Y todo porque las autoridades hicieron caso omiso de la advertencia de un médico, le ordenaron que cerrara la boca y que no dijera nada. Por corrupción, negligencia, o las razones que quieran, los chinos no actuaron a tiempo.

Y el virus se propagó a Europa. Un italiano que anduvo de viaje en China,  regresó enfermo y aún así, continuó con su vida cotidiana, infectando a todos a su alrededor. Los médicos tardaron mucho en diagnosticar su enfermedad, no actuaron rápido y el virus se diseminó por todo el norte de Italia y posteriormente, se dieron otros casos en España, Alemania, Francia y otros países europeos. Todo por culpa de viajeros que andaban en China y de ahí se trajeron la enfermedad.

Para ese momento, yo pensaba que la cosa estaba crítica, pero que no afectaba tanto mi país porque nos divide un océano de distancia.

Pero me equivoqué. El efecto mariposa alcanzó a todo el planeta. Viajeros mexicanos (casi todos de clase alta, empresarios, que se pueden costear viajes a Europa) se trajeron la enfermedad a México. Y si en el primer mundo no supieron controlar la enfermedad ¿qué le espera a México, país tercermundista en donde la mitad de la población carece de Seguro Social porque trabaja en la informalidad?

Qué irresponsabilidad de esos ricos, que se atrevieron a viajar a Europa en esas semanas  a sabiendas que la OMS ya había advertido desde finales de febrero la gravedad de esa enfermedad.

Y no solamente eso, sino también la falta de reacción del gobierno por no poner filtros en los aeropuertos.

Ahora todos estamos con miedo, sin saber si continuar con nuestras actividades o no. Aún no han dicho nada. Solamente los centros educativos sí dieron la orden de cerrar hasta pasada Semana Santa. En mi caso, tengo que dar clases en línea.

Habrá muchas actividades que ya no podré hacer. Por ejemplo, ir al gimnasio, ir al Starbucks, o juntarme con amigos, tampoco podré ir al cine o al teatro. Todo se va a trastocar. Se avecina una época de aislamiento.

Y aunque todavía no han decretado cuarentena, ya se siente el ambiente tristón y desolador en Monterrey. Hoy por ejemplo, noté las calles vacías, muchos negocios solos y fui a la UANLeer (feria del libro de la UANL) y me dio lástima que estuviera sin gente.

Esperemos que todo salga bien y que la enfermedad no se propague mucho y que pronto podamos retomar nuestra vida cotidiana.


martes, 3 de marzo de 2020

ya soy maestra

pues no les había platicado, pero a partir de este año ya soy maestra universitaria. Doy clases de licenciatura. Era algo que desde hace más de diez años había querido hacer, pero no se me había dado oportunidad hasta ahora y creo que ahora es buen momento, ya que tengo más experiencia laboral y más conocimientos que hace diez años.

Así que he desempolvado mis libros de la carrera y preparado las clases, revisando tareas, revisando exámenes. Es más trabajoso de lo que imaginaba. Ahora sé lo que pasaron mis propios maestros.

Sin embargo, ahora es muy diferente a como cuando yo estudiaba.  A riesgo de sonar viejita quejosa con la frase "en mis tiempos las cosas eran diferentes..." es que sí, en mis tiempos no había tecnología, bueno, no tanta como ahora. El internet estaba en pañales así que no podías encontrar gran cosa ahí. Si querías investigar, tenías que ir a la biblioteca y consultar no uno, sino varios libros.

Ahora todo es muy diferente, al alcance de un clic tienen todo. Pero aún así, siento que la tecnología lejos de beneficiar a los chavos los perjudica, ya verán por qué.

1. Tienen vicio por el celular. En serio, un vicio, así tal cual. Aunque les pida que guarden el teléfono, se ponen ansiosos, nerviosos, intranquilos, como con síndrome de abstinencia, y apenas volteo a escribir algo en el pizarrón y para cuando volteo, ya están otra vez con el celular en la mano, mandando mensajes por Whatsapp. Si los he regañado cien veces es poco, y de nada sirve. No pueden estar ni un minuto sin el celular.

2. Copy-paste mal hecho. Varias tareas se entregan en línea, pero eso provoca que busquen todo en "San Google" sin revisar ni siquiera la fuente, y le den copy-paste sin razonar siquiera lo que pusieron. Es por eso que he optado por encargarles algunas tareas a mano.

3. Distracción. No sé que pasa con esta generación, pero en mis tiempos respetábamos al maestro y hasta le teníamos miedo. Hoy en cambio, se la pueden pasar en la chorcha, plática y plática y plática y no ponen atención mientras doy clase, o de plano dicen "voy al baño" y no regresan al salón. Ah, pero eso sí, luego están todos reprobadotes en el examen.

Así que cada vez me estoy volviendo más exigente, y creo que me falta serlo más. Tener más mano dura.

Ahí después les platicaré cómo me va.



martes, 18 de febrero de 2020

Cuando sales de clases y tu papá no ha llegado...

Hace algunos días, se publicó la noticia del asesinato de una niña llamada Fátima. Salió de la escuela, y su mamá no estaba. La señora llegó 20 minutos tarde por ella. Para cuando la señora llegó, no la encontró. La escuela estaba cerrada y la niña desaparecida. Lamentablemente la hallaron después, en una bolsa,  desnuda, con huellas de tortura y muerta.

Mientras que en otros países de primer mundo, como Japón, los niños desde los 5 años van solitos a la escuela, caminando, tomando el metro y ningún adulto los molesta (al contrario, los ayudan a llegar sanos y salvos a su destino) en México esto es imposible. Dejar a un niño solo es un riesgo. 

Muchos le echan la culpa a la mamá, por llegar tarde. Como siempre, revictimizan a las víctimas en lugar de castigar a los culpables. 

Pero lo que quiero compartir es cómo eran las cosas en mi colegio, cuando era niña. 

Mi colegio era de monjas, en ese entonces solamente estudiaban niñas ahí. 

A la hora de la salida, las maestras salían con su grupo a la banqueta. No dejaban que las niñas se fueran por su propio pie. El papá o la mamá tenían que venir por ella. Cuando quedaban pocas niñas, las maestras las devolvían al interior del colegio. Se quedaban en una sala de espera y cerraban las puertas del colegio. Una sor se quedaba cuidándolas. 

Si el papá o la mamá llegaban tarde, la sor abría la reja y entregaba a la niña. 

También las sores tenían prohibido que los vendedores ambulantes rondaran por el colegio. Los corrían y a nosotros nos tenían prohibido comprarles. 

Sí, eran muchas medidas y prohibiciones. Pero funcionaba. Ninguna niña se perdía o era secuestrada. Es más, tenía una amiga, cuya mamá era super olvidadiza. La señora la venía recogiendo una hora después de la salida. Y mi amiga nunca se quedaba sola en la calle esperándola. Las sores la metían adentro del colegio, cerraban las puertas con candado y sólo la dejaban salir hasta que la mamá venía por ella. 

Pero esto sólo ocurría en mi colegio. Ni en otros colegios ni mucho menos en las escuelas de gobierno tienen esta costumbre. Dejan a los niños afuera, en la banqueta, y los maestros se van a sus casas. 

Ellos dicen que es responsabilidad de los papás venir a tiempo por ellos. Pero muchas cosas pueden ocurrir. A veces los jefes los tienen trabajando tarde y no tienen tiempo de salir a recoger a los niños. O pueden sufrir un choque, un accidente en el camino. O el tráfico puede estar muy pesado. No sé, puede haber mil situaciones por las cuales a veces no se llegue a tiempo. Y aquí el único que sufre es el niño, pues queda expuesto a peligros, como fue el caso de Fátima. 

Fátima se quedó sola, en la calle, sin que nadie la cuidara. Eso la hizo presa fácil de una secuestradora. (Dicen que se trataba de una vendedora ambulante que vendía papitas afuera de la escuela) y se la llevó por ahí y se la entregó a otra gente que terminó violándola y matándola. 

Las escuelas deberían tener un protocolo en esos casos. No dejar a los niños solos en la calle, sino resguardarlos el tiempo que sea necesario. Porque aquí el único perjudicado no son los maestros, ni los papás, son los niños. 

lunes, 10 de febrero de 2020

Delito es...

Cuando tenía 18 años y estaba en Leyes, en la materia de Derecho Penal me tocó como maestro un viejito bastante enojón.

Era un licenciado con muchos años dando clases en la universidad, y se sabía el Código Penal al revés y al derecho.

Un día, no me acuerdo muy bien qué pasó, pero el caso es que todos estábamos distraídos, platicando y no le hacíamos mucho caso mientras él hablaba. Así que él se enojó y nos dijo: "Voy a pasar de uno por uno al frente y van a tener que decirme de memoria la definición de Delito. El que no se la sepa le voy a poner un cero".

Todos nos quedamos en shock. Entonces sacamos el libro de la mochila y empezamos a memorizar la definición. Uno por uno fue pasando al frente. Si te equivocabas en una palabra, ya valió madre, reprobado.

Hasta los más flojos se aprendieron la definición, por puro miedo de salir reprobados.

Veinte años después, me sigo acordando de la definición de memoria.

"Delito es un acto antijurídico, culpable, punible e imputable". 


martes, 28 de enero de 2020

La rifa del avión

Generalmente soy apolítica, no me pongo a hablar mucho sobre estos temas. Pero a veces suceden tantas cosas tan absurdas en México que es imposible no hablar de ello.

Resulta que nuestro presidente, López Obrador, dijo desde un inicio de su gobierno que pondría a la venta el avión presidencial, para sacar lana que se utilizaría en otras obras sociales.

Desde un principio esa propuesta me pareció absurda, porque ¿quién compraría un avión de esa magnitud? Ni siquiera las aerolíneas se apuntaron, mucho menos los particulares.

Si al ver el desinterés por comprar semejante armatoste, el presidente hubiera reconocido que "ok, no se pudo vender, pero va a seguir al servicio del gobierno", yo hubiera dicho "bueno, no hay problema".

La cosa es que se amachó con la idea, y no quitó el dedo del renglón, y se le ocurrió rifarlo. Sí, rifarlo. A $500.00 el boleto.

O_O

¿Para qué?

¿Y el que se lo gane qué va a hacer con él? Ni siquiera va a tener un hangar donde "estacionarlo". Tampoco va a tener recursos para operarlo.

Me recuerda ese episodio de Los Simpson donde Bart participó en un programa de radio y le dieron a escoger el premio y el se empecinó con que quería un elefante.

Al final lo obtuvo, pero su familia no podía mantenerlo. No cabía en el patio, no tenían con qué alimentarlo, causaba más daños que beneficios.

Pues algo así pasará con el ganador del avión. O eso me imagino.

Yo que AMLO dejaría este tema por la paz.


sábado, 25 de enero de 2020

Mujercitas

Uno de los primeros libros que recuerdo haber leído por gusto y no porque me lo encargaran en la escuela es "Mujercitas" de Louisa May Alcott.

Este libro lo encontré en la biblioteca infantil y me llamó la atención por sus ilustraciones. Un montón de niñas rubias con vestidos antiguos muy hermosos, con peinados muy lindos y listones en la cabeza, sentadas en el jardín tomando el té, o frente a la chimenea mientras una de ellas tocaba el piano.

No recuerdo exactamente qué edad tenía cuando lo leí, pero calculo que tenía entre ocho o nueve años. La historia me gustó. Cuatro hermanas que se quedan en casa con su madre mientras el padre está en la Guerra civil.

De todos los personajes, mi favorito siempre fue Jo, porque era audaz, decía siempre lo que pensaba, y sobre todo, porque le gustaba escribir. Yo creo que Jo fue quien hizo que naciera en mí la inquietud de convertirme en escritora.

Me gustaba mucho la relación que Jo tenía con su vecino Laurie. Ella siempre lo alentaba a ir más allá, a aventurarse y a ser más extrovertido. Y Laurie por su parte, la introducía en su mundo de alta sociedad, bailaban juntos, se divertían mucho.

Las otras hermanas me parecían sosas o caprichosas. Meg era sumisa y sólo se preocupaba por el "qué dirán", Beth era extremadamente tímida y callada, aunque era la más dulce de todas pero su carácter introvertido a veces hacía que pasara inadvertida en la trama, y Amy era la más chiflada de las cuatro por ser la más consentida de la familia.

Tiempo después leí la continuación de esta novela, "Hombrecitos" y me disgustó mucho saber que Jo y Laurie no se casaron. Que Laurie se casó con la caprichosa de Amy y que Jo se casó con un profesor.

Pero bueno, a lo que voy es que esta historia ha sido adaptada muchas veces a la pantalla grande, y en la actualidad dudo mucho que las niñas se interesen en ella, ya que la historia resulta anacrónica para estos tiempos.

Las niñas ahora cuentan con muchas oportunidades en la vida, son más empoderadas, menos sumisas, y personajes como Meg, Beth y Amy les pueden resultar exasperantes. Quizá se identifiquen con Jo, aunque Jo en su tiempo era como la que rompía estereotipos y en cambio ahora es el común denominador.

A pesar de todo, sigo recordando con cariño esta historia, pues me traslada a aquella época de mi infancia en que leía el libro en una semana, mientras comía dulces y soñaba con convertirme en Jo.


jueves, 16 de enero de 2020

Cuando los inviernos eran más fríos

Los inviernos en Monterrey se han vuelto muy calurosos. Las temperaturas más "frescas" rondan más o menos como entre los 17 grados en las mañanas pero luego va subiendo a 25 grados durante el día. Tengo ropa de invierno que no he usado desde hace muchos años. En especial un abrigo de lana, que compré hace años. Es muy elegante, color negro, con botones de cuero. Fue la primer cosa que compré con mi primer sueldo.

Pero tengo más de cinco años de no usarlo, porque las temperaturas en invierno son cálidas.

Y la verdad este año sí tenía muchas ganas de ponérmelo, pero el frío parece que ya nunca va a volver. Gracias al maldito calentamiento global.

Enojarme por el calentamiento global es como si me enojara con la pared. Lo que yo haga es muy mínimo y no tiene impacto en la naturaleza. A veces no uso el coche, hago mis vueltas a pie. Pero me da mucha impotencia ver el cielo sucio, contaminado.

Es increíble cómo el clima ha cambiado tanto en pocos años. Antes los inviernos eran fríos, con lloviznas que se convertían en aguanieve. Recuerdo uno, en 1997. Yo iba saliendo de la universidad y vi toda la ciudad cubierta de nieve. Fue muy divertido. Pero también recuerdo otros inviernos. Uno del 2004, donde yo ya estaba trabajando y en mi hora de comida fui a caminar por el centro. Llevaba precisamente ese abrigo que les digo y me fascinó verlo cubierto de pequeñas pelusitas de hielo.

Supongo que esos inviernos ya no van a volver. Para vivir el invierno tendría que mudarme a otro país, como Canadá.

Qué triste. 

miércoles, 8 de enero de 2020

Reseña serie: You

Empecé a ver esta serie pensando que se trataba de una historia romántica pero luego me di cuenta que para nada tiene que ver con romance. Al contrario. Es la historia de un acosador de mujeres, sociópata y obsesivo.

La premisa es simple. Joe, un tipo insignificante y mediocre, (aunque atractivo) trabaja como empleado en una librería. Un día llega una clienta que lo deja deslumbrado. Una rubia hermosa, extrovertida que le hace plática mientras busca un libro. Desde entonces él se obsesiona con ella y la espía por redes sociales hasta dar con su dirección.

Y bueno, no les cuento más porque la trama va de eso, de la obsesión de Joe por aquella chica, y él en su mente cree que eso es amor, pero nada más alejado de la realidad. Joe es un tipo oscuro y peligroso. Aunque no sabemos mucho del pasado del personaje, solo por pequeños flashbacks que dan a entender que tuvo una niñez llena de abusos.

Debo decir que la primera temporada está muy buena. La historia es redonda, un poco predecible pero eso no molesta porque  ya sabemos que Joe está loco, lo vemos escalar en niveles que rayan en la psicopatía.

La segunda temporada ahí no me terminó de convencer mucho, porque los elementos que funcionaron en la primera los vuelven a repetir en la segunda. Otra vez una obsesión, otra vez él queriéndose hacer pasar como héroe con personas indefensas... y SPOILER ALERT: resolvieron todo matando a la mitad del elenco. Se nota que en esta segunda temporada no trabajaron bien en el guión,  y decidieron asesinar a la mayoría de los personajes para no darles seguimiento.

Creo que lo ideal hubiera sido que esta serie terminara en la primera temporada, pero ya van por la tercera. A ver qué sucede, esperemos que la tercera sea más interesante.

Aún así, recomendable.



martes, 7 de enero de 2020

Trabajar en equipo

De niña no me gustaba trabajar en equipo. Porque yo siempre fui de las niñas estudiosas, perfeccionistas e hiper responsables, que quería tener todo listo con mucha anticipación y a veces me tocaba compañeros que no hacían su parte y eso me estresaba mucho, en ocasiones yo terminaba haciendo todo el trabajo.

Más grande, en la universidad, me tocó hacer también trabajos en equipo y era todo un rollo coordinarse con las personas. Una vez incluso terminamos peleando y discutiendo, porque unos no habían hecho nada y ya faltaba muy poco para presentar el trabajo. Mis amigos recuerdan ese momento porque fue la primera y única vez que les grité y los regañé. Nunca antes había gritado pues suelen definirme como una persona pacífica y diplomática, pero en esa ocasión me colmaron el plato.

A lo que voy es que no estamos acostumbrados a trabajar en equipo. No lo hacemos bien. Y eso se refleja ya en la vida adulta.

El ejemplo más evidente es cuando trabajas una empresa. Todo está dividido por departamentos. Un departamento hace algo, envía un reporte a otro departamento, éste a su vez trabaja con esa información y reporta sus resultados a otro departamento y así va la cadena de trabajo. Los resultados terminan en manos de los directivos, gerentes. Y cuando algo está mal, el regaño va parejo. A veces sucede que alguien en la cadena de trabajo no te entrega la información a tiempo. O te la entrega mal, equivocada. Todo eso afecta.

Otro ejemplo es cuando trabajas como freelance. También trabajas en equipo, con tu cliente. Pero a veces el cliente no cumple su parte. No te entrega la información o los requerimientos para hacerle su trabajo. No te paga. No responde tus mensajes. Se pasan fechas. Y a pesar de que le mandas recordatorios, no puedes hacer más. Si la otra parte no coopera, es difícil sacar la chamba adelante.

En conclusión, hay que hacer conciencia de nuestras responsabilidades. Todos somos adultos, y se supone que sabemos lo que tenemos que hacer, cuándo lo tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. No esperen a que les caiga el tiempo encima. Tampoco sean chambones, hagan las cosas con esmero. Sólo así funciona el trabajo en equipo.