sábado, 10 de octubre de 2009

Cuidado con lo que deseas


Supongamos que tenemos una lámpara de Aladino y que todo lo que pensemos, se va a hacer realidad. Pero el genio de la lámpara no distingue entre el sí y el no. Y el genio es muy rápido, a la velocidad de la luz concede el deseo.

Entonces, se nos ocurre decir, por ejemplo.... deseo no quedarme sola....

y ¡bam! ¿que ocurrió?

el genio lo único que entendió fue "Deseo.... quedarme sola"

Bueno, pues eso fue lo que pasó el sábado pasado, aún y a sabiendas de que no debo formular mis deseos en esa manera, lo formulé así y eso fue lo que ocurrió.

La mente es un arma que dispara pensamientos. Y los pensamientos pueden "matar" buenas intenciones. Así que hay que ser muy cuidadosos con lo que pensamos.

Las personas religiosas (no hablo de alguna religión en particular, sólo las que creen fervientemente en Dios) aprenden un manejo de pensamientos acogiéndose en Dios. A través de la oración meditada y bien hecha, ponen todos sus problemas y sus
cargas en Él. Se deshacen de sus miedos y reciben paz. Esa paz, los lleva a un estado en donde visualizan la mejoría de su situación (en pocas palabras, el milagro obtenido). Todo este proceso se llama FE. Y con fe, se obtiene el resultado.

La Fe negativa (el miedo, la duda, la depresión) también es poderosa, pero atrae precisamente lo que tememos u odiamos.

Para las personas como yo, que todavía andamos en pañales con eso de la Ley de la Atracción y todo eso, hay un ejercicio simple para eliminar los pensamientos negativos: la meditación. Precisamente lo practiqué el domingo, (después de una fallida reunión que organicé y que no quiero volver a comentar).

Me encerré en una recámara, encendiendo únicamente una lámpara. Abrí la ventana para que entrara aire fresco y puse música suave, de sonidos de agua. Luego dejé que cada pensamiento fluyera, se diluyera. Algunos eran bastante amargos y tristes, pero dejé que se desvanecieran. Mi cuerpo se relajó. Me preocupé si alguien podría interrumpirme, pero también ese pensamiento dejé que se desvaneciera.

Tardé buen rato, yo creo que como casi media hora. Al final, digamos que quedé como hoja en blanco. Lista para iniciar la semana.

Ayer, oooootra vez apareció Rocío Hyde... (jaja, chin, ¿por que no se va de una vez por todas?) y lo que hice fue primero hacer ejercicio en el gimnasio hasta descargarle la energía, y después, fui a un jardín y miré en silencio el césped, los árboles y los arbustos y una alberca llena de agua pero que estaba sola. De nuevo, concentrarme en lo que veía y no prestar atención a esa bola de pensamientos que disparaba mi cerebro. El día estaba rico, nublado, fresco y no se escuchaba ningún ruido de tráfico, sino solo las gotas de lluvia que caían en el agua de la alberca y los pájaros.

Regresé a mi casa. El trayecto fue muy largo, y como me cansé de escuchar música pop y sin sentido o esa música grupera depresiva, mejor sintonicé una estación de música clásica (la de Opus 102 FM).

Vamos, creo que mi mente o Rocío Hyde es como un caballo que hay que domar. Pero no a base de azotes, porque se pone peor, sino más bien, haciéndola callar. Una vez que consiga disciplinarla me será más facil avanzar.