viernes, 12 de abril de 2019

Caballero

El otro día un contacto en Facebook lanzó la pregunta acerca de si la caballerosidad debía considerarse como una forma de machismo. Se cuestionaba si el hecho de abrirle la puerta a una mujer, cederle el paso, darle el asiento, etc. podría interpretarse como un acuerdo implícito sobre el hombre que tendrá en algún momento de la relación interpersonal, poder sobre la mujer por los gestos "amables" otorgados.

El problema de esta noción de "caballerosidad" que tienen algunos hombres en la actualidad, es que interpretan la amabilidad hacia la mujer como un trato o un negocio. Yo soy amable contigo, te pago la cuenta del restaurante, etc, pero a cambio, tú me debes favores sexuales. Si yo te invito a ir a la cama, debes aceptar, porque ¿si no por qué aceptaste todos mis obsequios y gestos?

Si la mujer en cuestión no acepta, este tipo de "pseudo-caballeros" se enoja. Sienten que salir con esa mujer fue desperdicio de tiempo y de dinero.

En realidad, este concepto de caballerosidad es muy, pero muy limitado, y no se trata de eso.

Un caballero es amable y respetuoso con todo el mundo.   Con hombres y mujeres de todas las edades, y no nada más con las mujeres bonitas que a él le interesen.

Un caballero es un hombre educado, en el sentido de que es considerado con las personas. Si ve a alguien que tiene algún problema, lo ayuda. Si ve a una anciana que necesita que le abran la puerta, la abre. Si ve a un hombre que tiene un desperfecto con su coche, lo ayuda. Por decir unos ejemplos.

Un caballero además es un hombre de palabra, de honor. Antes los contratos eran verbales. Bastaba la palabra para saber que sí se cumplirían. Ahora no. A veces ni con contrato escrito cumplen lo estipulado.

¿Está bien que un hombre sea caballeroso con una mujer? Yo pienso que sí, siempre y cuando lo haga sin importar que la chica corresponda o no a sus sentimientos. No se trata de entregar el corazón. Se trata de ser amable, justo y respetuoso. Eso es la caballerosidad.


sábado, 6 de abril de 2019

Presentación libro "La piel morirá dentro del polvo" de Antonio Ramírez

“Polvo eres y en polvo te convertirás”, reza un versículo de la Biblia. Acaso será esta la premisa que el autor Antonio Ramírez toma en esta obra, un compendio de prosa poética titulado “La piel morirá dentro del polvo”.

A través de imágenes descriptivas, en momentos crudas y en ocasiones sublimes, así como poderosas metáforas, Antonio Ramírez explora la naturaleza humana, aquella que pocos se atreven a abordar, la que muestra los defectos, los miedos, y las más oscuras emociones como son la tristeza, el odio y la ira.

Nos muestra a un ser, que desde su nacimiento, o tal vez incluso desde su concepción, fue víctima del rechazo de quienes debieron amarlo. Este ser, el yo lírico de esta prosa, es alguien que es escupido hacia el mundo de manera violenta, lejos del amor y la alegría que debiera suponer ese momento y abandonado a su suerte. Incluso pudiera entreverse que su misma concepción fue hecha a la fuerza y sin consentimiento.
Mi madre dijo: “en mi dolor tomó forma un pedazo de vida sin haberla deseado”. Mi concepción fue vedada por mi padre con lágrimas y alcohol sobre mis ojos cerosos. Y más tarde fui dado a vivir en sus réplicas de vida.

En el capítulo Litio, vemos cómo esa primera infancia marca para siempre el destino y el carácter del yo lírico, pues experimenta una constante sensación de pérdida y abandono, de amor no correspondido.

“Esa fractura del instante primigenio en la fecundación aguardó silenciosa durante años, para exponerse a la ansiedad de la pérdida que retumba en los golpes al miocardio”. 

Este ser recorre los barrios bajos, calles, bares, hoteles, reconociendo en otros personajes sus propios rasgos, frustraciones y complejos. Hombres y mujeres que al igual que él, deambulan como fantasmas en el día a día, buscando llenar sus vacíos existenciales con relaciones carnales y medicamentos que adormecen sus emociones y sufrimientos.

 “Buscamos en amantes, amigos o novios. Buscamos en cárceles, prostíbulos, psiquiátricos. En el Prozac, la Risperidona y la Olanzapina. Buscamos y somos todos esos personajes malogrados y estamos peor que ayer.” 

Las relaciones de este personaje, consigo mismo y con las demás personas, están marcadas de desolación e incertidumbre, el deseo de querer ser amado pero al mismo tiempo no sentirse digno de ello. Convive con la soledad, el dolor y el silencio, sorteando a la muerte y escapando de ella, pero guardando en el fondo el anhelo de ser alcanzado por ésta para dejar de sufrir.

 “Mi sangre viva y desintoxicada se centra en la búsqueda de mi amado y promulga, en la sal, curar la herida abierta, y en la dulzura sanar el alma bendita para llevarlo a nuestro alquimia en la rosa.” 

Todos estos recuerdos van cayendo, desprendiéndose de su piel como partículas de polvo. No hay una secuencia cronológica de eventos, sino que el libro debiera interpretarse como un todo, como un espejo roto donde cada fragmento refleja un pedazo de realidad.

Sin embargo, la última parte del libro nos muestra un lado más esperanzador, con imágenes que apuntan más a la naturaleza y al paraíso. Donde se encuentra la redención, la esperanza y el consuelo de Dios, y por qué no, donde también se encuentra la libertad de amar.

 “El pensamiento merodea el cuerpo imaginando la silueta envuelta en divinidad. Las manos permiten tocar y los sentidos comunican la ternura, la piel suave. Ambas manos están libres para amar.” 

La prosa de este libro está muy bien construida, usa todos los recursos del lenguaje para evocar sensaciones, para trasladarnos al universo del yo lírico, sus pensamientos, sus pasiones y los escenarios en los que se mueve.

En algunos momentos se separa del mundo material para recorrer el mundo onírico y surreal. Los capítulos “Rosa” y “Preludio de Luz” nos muestran una conexión con la naturaleza, con la libertad y la posibilidad de amar, todo esto dibujado de manera exquisita a través de imágenes que evocan una paz por fin alcanzada.

 “Bosque protegido por pinos que se elevan hacia la luz celestial. La luna refleja lo cristalino del agua, como espejo que distingue la inmensidad radiante del cielo cubierto de estrellas.” 

Es una prosa introspectiva e íntima, que no basta con ser leída una sola vez, sino que en cada lectura el lector encontrará nuevas perspectivas que quizá en un principio hubiera pasado por alto, dándole un contraste diferente.

La obra la pueden adquirir directamente con su autor a través de este link

https://www.facebook.com/TonyToxicTrace

viernes, 5 de abril de 2019

Reseña película: The Duff

¿Qué se puede contar en una película adolescente que no se haya dicho ya? Al parecer, muy poco, ya que aunque ya han pasado más de 20 años del boom de comedias románticas adolescentes, no se logran superar los estereotipos y clichés de siempre:  chica inteligente, pero fea, tímida e inadaptada, chica popular pero maldita perra, chico guapo  pero inalcanzable. (También puede ser a la inversa).

Esto es lo que encontramos en la película "The Duff" que está en Netflix. No niego que la película es entretenida y quizá para las nuevas generaciones que no crecieron en los 90's les resulte original y novedosa.

Sin embargo, es una mescolanza de películas que ya se han visto.

Analicemos:

El personaje protagónico de Bianca Piper, nos remonta a la chica tímida que no encuentra su lugar en este mundo. Enamorada secretamente de un chico al que no se atreve a hablarle. ¿Les recuerda a alguien?

Ah, sí. A Cady Heron, de "Mean Girls". Pero esperen... esta chica aparte de tímida, se siente fea y eso hace que se porte huraña y solitaria, cortando toda relación con sus amigas, vistiéndose con overoles porque siente que la ropa bonita no le va. ¿A quién me recuerda? A Laney Boggs, de "She's All That".

Además, Bianca Piper cuenta con una archienemiga, llamada Madison Morgan. La chica más sexy, guapa y popular de la escuela, que también es una perra que se encarga de humillar a los demás y cuenta con un grupito de secuaces. ¿Les suena? Sí, nos recuerda a Regina George de "Mean Girls", o a Taylor Vaughan de "She´s All That".

Continuemos: Bianca tiene un vecino, Wesley Rush, con el que de niña se llevaba bien pero de grande ya no, y sin embargo, son amigos y le pide consejo. Nos recuerda la relación de Ryan y Maggie de la cinta "Whatever It Takes". 

Wesley es el típico guapo de la prepa, promiscuo y estrella en los deportes, y  acepta un trato con Bianca. Él le ayuda a conquistar al chico que le gusta y ella lo ayuda a pasar los exámenes. Y lo demás... bueno, ya no les platico por si acaso quieren verla.

¿Cuál es entonces la novedad de "The Duff"? Aparte de integrar tecnología, redes sociales y ciberbullying, incorpora el concepto de "la chica designada ultra fea". O sea, la amiga fea que ayuda a que las amigas guapas destaquen. Y de ahí va la película, que la protagonista quiere deshacerse de esa etiqueta para encontrar su propia identidad.

Hay escenas de cambio de look, baile de graduación, maestros bobos, en fin, todo lo que se necesita para armar una comedia romántica adolescente.

Les recomiendo la película si quieren pasar un buen rato. No está tan mal. Especialmente para los adolescentes actuales. Y para los chavorrucos que quieren recordar este tipo de historias. 

lunes, 1 de abril de 2019

Plástico

Hace varias semanas salió una noticia de que en mi estado van a prohibir el uso de popotes de plástico y sancionarán a los negocios que los ofrezcan, en un intento de reducir el uso de plástico. 

Sin embargo, me quedo pensando cómo nosotros, sin darnos cuenta, generamos mucha basura de este tipo, no sólo por los popotes, sino en general por todos los empaques que utilizamos en nuestra vida diaria. 

Un ejemplo: los platos y cubiertos desechables. Vamos a una fiesta, o a una taquería o una fonda. Te sirven la comida en platos de unicel o de cartón encerado, el vaso del refresco es de plástico, los cubiertos también lo son. y todo eso va a la basura. 

También los empaques de los productos. Desde las bolsas de plástico donde echamos la verdura y la fruta en el supermercado, para que la pesen en la caja. O los empaques del aceite, las galletas, pastas de sopa, papas fritas; los envases del shampoo, las cremas, los rastrillos, los botes de suavizante y detergente. Todo eso es plástico. Y todo va a la basura. 

Por más que quieras reducir el uso del plástico, es muy complicado porque si quisieras eliminar el uso de esos empaques eso significaría que nuestro sistema de comercio tendría que cambiar. Que fuera como antes, que iban al mercado con su bolsa de red y los comerciantes te echaran todo en esa bolsa. Que los empaques fueran de vidrio o cartón (que son más fáciles de reciclar). 

¿Lo creen posible? ¿O qué soluciones se les ocurren? 


lunes, 25 de marzo de 2019

Reseña película "Las niñas bien"

El cine mexicano siempre ha tenido una fascinación por la vida de la clase alta, y en especial por aquellas historias en donde el rico se hace pobre.

Generalmente se retrata a los ricos como juniors idiotas, superficiales, fresas y despilfarradores; y cuando caen en una situación de pobreza el cine se regodea poniéndolos en situaciones ridículas, vulgares y humillantes conviviendo con la plebe. (¿Será acaso un deseo de venganza de querer verlos así?). Ahí tenemos por ejemplo "Nosotros los Nobles" o "Mirreyes vs. Godínez".

Pero ¿qué tanto se acerca este cliché a la verdadera clase alta? En nada. Y eso queda demostrado con el filme "Las niñas bien" basado en una obra de Guadalupe Loaeza.

Conozco la obra de Loaeza gracias a otra novela titulada "Las yeguas finas". Esta escritora y editorialista se ha movido en la crema y nata de la sociedad mexicana, así que sabe de lo que habla y en esta película queda evidente.

La historia se ubica entre 1981 y 1982, y nos muestra la vida de Sofía, una señora millonaria que tiene la vida perfecta. Ha nacido en cuna de oro, se ha educado en los mejores colegios, ha viajado por el mundo y está casada con Fernando, un hombre de negocios exitoso, guapo y simpático. Tienen 3 hijos, viven en una hermosa mansión atendida por servidumbre. En las mañanas, mientras el marido trabaja ella asiste al club deportivo a jugar tenis y desayunar con sus amigas, igual que ellas, esposas de hombres ricos, y por las noches, va a fiestas donde luce vestidos de diseñador comprados en el extranjero.

Sofía es la típica señora que se dedica a verse bonita y que la casa funcione. Se mantiene al margen de los negocios del marido pero intuye que algo anda mal, por su actitud nerviosa, por los titulares de las noticias y por los rumores en el club. Es la época en que el peso se empezó a devaluar de manera vertiginosa.

Y aunque la burbuja se rompe, Sofía se empeña en fingir que nada ha pasado. Trata de seguir con su misma rutina, a pesar de que ya no tienen dinero. A lo largo de la trama, vemos cómo se va desmoronando su mundo y cómo a pesar de eso, se mantiene estoica. Se resiste a verse pobre, y aún en medio de sus problemas, no deja de ser clasista y discrimina a la "nueva rica" del vecindario, no perdiendo la oportunidad de restregarle (de manera fina y sutil) que no tiene clase.

Esta película tiene un ritmo lento de narración (poco usual en el cine mexicano). Está formada por pequeños detalles y pequeños acontecimientos que se van hilando pero sin llegar a una conclusión, pues el final es ambiguo y abierto como lo son las novelas de Loaeza. Pero si juntamos todos estos eventos, se forma un personaje con una psicología interesante. Alguien que a pesar de saberse en la pobreza, se niega a admitirlo, sin llegar a situaciones ridículas o vulgares como en otras películas.

Un acierto de la cinta es que muestra al verdadero México de los 80's, y cuidaron el más mínimo detalle en la ambientación. Generalmente cuando hablamos de los 80's lo dibujan como una época estrafalaria, chicas con cabello esponjado, ropa en colores fosforecentes, música con sintetizadores. Pero sólo los adolescentes eran así, en realidad el México de los 80's era más semejante a como lo retrata esta película. La vestidos con hombreras, los aretes grandes con pedrería, zapatos de tacón, así era como se vestían las mujeres en los 80's. También cuidaron detalles como los programas de la televisión y radio, las envolturas de dulces, los vouchers de banco, las cajetillas de cigarros, todo evoca a esa época, al menos así es como yo lo recuerdo.

En general, la película está buena y la recomiendo.  Le doy 3 estrellas ***






domingo, 17 de marzo de 2019

Reseña libro: "Neurosis, sustancias y literatura" de Mariana H

Cuando hablamos de escritores, nos imaginamos a tipos bohemios, sentados frente a una máquina de escribir (o una computadora, en estos tiempos modernos) con su cigarro o una bebida en la mano esperando la inspiración de las musas para crear sus obras maestras; conviviendo en tertulias con sus semejantes, alejados del mundo real.

Mariana Hernández, mejor conocida como Mariana H, se adentra en este universo para encontrar a los escritores actuales en México y responder a la pregunta ¿qué tanto se acerca el cliché del escritor a la realidad? ¿De verdad son así como los imaginamos? ¿O son seres iguales a nosotros, que aman, sufren y viven los mismos problemas que los simples mortales?

Con un estilo conciso, pícaro y sagaz, propio de su profesión como periodista, Mariana lleva a los escritores fuera de su hábitat natural, los invita a restaurantes y bares, y entre bebidas y comidas que van desde los mariscos hasta las enchiladas puercas, desvela los secretos de 21 escritores, 16 hombres y 5 mujeres, todos ellos nacidos a finales de los 70’s y mediados de los 80’s.

Entre la charla casual, va revelando aspectos interesantes de sus vidas. Cómo descubrieron que querían dedicarse a las letras es una pregunta obligada, pero también los hace hablar sobre su familia, su concepto del amor y la religión, las peripecias que sufrieron para lograr publicar sus obras u obtener becas y premios y cómo se llevan con otros escritores. Sus neurosis personales y sus sustancias favoritas son secretos que también nos revelarán en esta serie de entrevistas. La selección de los títulos de cada una de ellas es acertada e ingeniosa, ya que toma una frase de ellos para definirlos.

Vemos cómo cada escritor es un personaje con una vida digna de ser plasmada en una novela. Ya sea del norte, del sur o del centro, cada uno tiene una visión particular de la vida, y al mismo tiempo, tienen puntos en común, como su percepción acerca de la violencia en México, el narcotráfico, la corrupción, el desencanto de pertenecer a una generación que en su niñez vivió la promesa del gobierno salinista de que México se convertiría en un país de primer mundo, y en cambio no sólo les ha tocado ver crisis económicas sino también el repunte de la delincuencia organizada, provocada en gran medida por el gobierno calderonista quien declaró una guerra absurda contra el narco que cobró la vida de miles de víctimas y cuyos asesinatos quedaron totalmente impunes.

Cada uno, desde su trinchera, habla de la realidad que acontece en nuestro país, ya sea como una radiografía social o como un retrato íntimo.

Pero no todo es tan desolador como aparenta ser. Todos estos escritores a través de sus obras, conservan un dejo de esperanza, de deseo de que las generaciones venideras cambien este panorama y la literatura es su arma para concientizar y denunciar. 

Las relaciones humanas y el amor de pareja, es otro tema que Mariana aborda en su obra. En esta muestra de escritores, todos entre 30 y 40 años (o como ella misma dice, más o menos jóvenes), coinciden en que el amor, tal como lo percibían nuestros padres y abuelos ya no es el mismo. Las relaciones de pareja ya no duran para siempre, el matrimonio ya no es “hasta que la muerte los separe”, sino que tratan de vivir el amor de una manera libre, que fluya naturalmente. Y si este amor se acaba, darle vuelta a la página y continuar con la vida.

La paternidad es otro punto que Mariana cuestiona de manera directa. No hay común denominador, ya que algunos la asumen con alegría, otros como que ya no les quedó de otra porque los hijos llegaron de chiripa, y otros más prefieren posponerlo hasta otro momento, pues consideran que no hay prisa ni obligación para cumplir con cánones sociales.

Lo mismo ocurre con la religión. Mientras que algunos han tenido experiencias espirituales, otros han optado por renunciar a la idea de un Dios justiciero y castigador y crean una nueva relación con éste, alejada de los rituales religiosos.

Pero quizá lo más interesante es cómo se vive en este mundillo de letras, en este pequeño universo literario que pocos conocen. Si es verdad que existen rivalidades entre escritores, si existe la grilla o si por el contrario, se alegran por el triunfo de otro. ¿Qué tan cierto es esto? Pues tendrán que leer la obra de Mariana si quieren encontrar la respuesta.

Porque aunque cada escritor sea diferente y tenga su propio bagaje emocional y literario, en el fondo comparten el anhelo de que su obra sea leída, y el reto de ser conocidos en un país donde el nivel de lectura es muy bajo.  Lo acepten o no, forman parte de una generación, que tal vez ahorita no tenga un nombre propio, como la generación del crack, pero que definitivamente es una muestra de lo que se vive en esta década. El tiempo será el encargado de darles un nombre que los defina como tal.

Son veintiún conversaciones, 21 escritores, y una periodista, quien también nos deja ver su personalidad con comentarios perspicaces, agudos y amenos que describen sus propias sensaciones y su propio sentido del humor. Nos hace un recorrido gastronómico por restaurantes, marisquerías y cantinas. Saboreamos comida libanesa, japonesa, argentina, mexicana y nos tomamos un trago de vino, cerveza, mezcal y tequila.  Por si esto no fuera suficiente, nos dice además qué música se está escuchando en ese momento como si fuera el soundtrack de una película (no podía dejar de hacerlo, ya que ese es su mero mole). Nos describe la escena a detalle, para que nosotros también formemos parte de la sobremesa.  Más que una entrevista, es una charla entre amigos.

Los invito a leer la obra de Mariana Hernández, “Neurosis, Sustancias y Literatura. 21 conversaciones con escritores más o menos jóvenes”.





viernes, 15 de marzo de 2019

El escritor que vendía poemas a peso

Cuando estaba en la prepa, yo ya escribía poemas y cuentos cortos. Pero era en los 90's, eran otros tiempos donde no había internet y por ende, no existían redes sociales, ni nada por el estilo. Lo que escribía lo tenía en una libreta, y sólo lo compartía a muy pocas personas. (No como estas niñas modernas de ahora, que publican todo desde qué desayunan hasta que si se pelearon con el novio).

Les describo todo esto para que ubiquen cómo éramos en los 90's, al menos yo era muy cerrada con mis escritos, sí quería que me leyeran pero al mismo tiempo me daba pena compartirlos de mano a mano y me daba miedo que me perdieran la libreta o la estropearan.

Tampoco había tanta oferta literaria como ahorita. Los únicos libros eran los que nos asignaban en la escuela. Leímos "El principito" y un montón de lecturas, todas ellas obligatorias. No como ahorita que tienen sagas como Juegos del hambre, La Selección, y todas esas. Ni siquiera existía Harry Potter.

Un día, llegó a la prepa un escritor que vendía poemas a un peso. No me acuerdo su nombre, pero sí su aspecto. Un tipo bohemio, de barba y bigote, llevaba una boina y una chaqueta. No sé si pidió permiso para entrar o qué, el caso es que se sentó en medio del pasillo, en una silla plegable, sacó un rollo de papel de caja registradora y con su pluma bic, empezó a escribir con letra diminuta verso tras verso tras verso. Todos rimaban.

Los compañeros formaron un corro alrededor, para ver al escritor trabajar en su poema. Algunos afirmaron que venía  a romper el record Guinnes del poema más largo del mundo, pero eran solo rumores.

El escritor seguía, como si la inspiración nunca se acabara. Luego sacó una pequeña caja que contenía poemas cortos, y los ofreció a un peso.

Yo le compré uno, y me lo llevé a casa como si se tratara de algo valioso, porque al fin y al cabo, había conocido en persona al escritor.

Al día siguiente me acerqué a él y tímidamente, le mostré uno de mis poemas para que me dijera su opinión. El escritor lo tomó y... me dijo que no tenía métrica, ni ritmo y quién sabe qué cosas más. Básicamente no le gustó o al menos esa impresión me dio.

No supe si su crítica era sincera o si era parte de su ego inflado. Preferí olvidar el asunto y seguir escribiendo por mi cuenta. Tanto lo olvidé que ya ni me acuerdo de su nombre.



jueves, 14 de marzo de 2019

Diablo

Me causa curiosidad por qué la figura del diablo es más popular que la de Dios. Hay más películas dedicadas al diablo, series de televisión, canciones, y en general, mucha gente lo idolatra como si se tratara de una estrella de rock.
Pienso que mucho tiene que ver el concepto que las distintas religiones han manejado sobre Dios y sobre el diablo. A Dios siempre lo ponen en un papel de juez, de castigador. Alguien que siempre te está observando, hasta en tus pensamientos, y si te portas mal, te castiga. Y si quieres obtener su perdón, debes cumplir con una serie de rituales que purifiquen tu alma. Con Dios no se puede jugar, no puedes jurar ni decir su nombre en vano ni en broma. Y dependiendo de cada religión, hay una serie de restricciones a los placeres de la vida mundana, lo que conlleva que si quieres ser una persona buena, tienes que cumplir con todas estas normas, mandamientos y rituales.
En cambio, la figura del diablo representa lo opuesto, la libertad de hacer lo que se te de la gana, sin remordimientos de conciencia. La industria del espectáculo lo dibuja como un tipo atractivo y seductor, (o a veces como mujer sexy, dependiendo del contexto). Generalmente nos lo muestran como alguien lleno de poder y riquezas, ambicioso y muy sexual. Básicamente, todo lo que cualquier humano anhela.
Pero ¿que tan ciertos son estos conceptos tan radicales? ¿De verdad Dios es un ser duro y castigador? ¿De verdad el diablo es chido y buena onda? Después de todo, nosotros como seres humanos comunes y corrientes no tenemos acceso a la verdad.
Hay personas que han muerto en el quirófano y que las han revivido. Y lo que narran sobre Dios es totalmente opuesto a lo que las religiones nos han hecho creer. Dios es un ser lleno de luz, bondadoso, y sobre todo, al estar junto a él las personas sienten una felicidad y una dicha inconmensurables, que desearían quedarse allá con Él que regresar a la Tierra.
Por otro lado, hay testimonios de personas que han tenido su encuentro con entes oscuros, y coinciden que en todos esos casos han sentido un miedo terrible, una especie de oscuridad que les provoca pánico.
Así que, en mi opinión, el diablo que nos muestra el mundo del espectáculo no deberíamos tomárnoslo como si fuera la verdadera imagen de éste. Más bien como un entretenimiento, un bufón, y ya. Porque al morir, lo que querremos es estar en la luz, con Dios, y no en la oscuridad.

sábado, 9 de marzo de 2019

Aborto

¿Por qué las mujeres no quieren ser mamás?

Al menos esa es la pregunta que me he hecho esta semana, a raíz de las protestas por la reforma a la Constitución de Nuevo León, en donde se reconoce como persona al embrion incluso desde su concepción. bloqueando así la despenalización del aborto.

Antes que nada, quiero aclarar que mi opinión será estrictamente jurídica. No me voy a meter en cuestiones religiosas, aunque también aclaro que yo soy conservadora y, personalmente, yo no estoy a favor del aborto, pero esta postura es estrictamente personal, no voy a imponerla a nadie ni tendrá nada que ver en la opinión que daré sobre el tema.

¿Qué efectos tiene que el embrión sea reconocido como persona?

La personalidad jurídica, se supone, empieza con el nacimiento. El individuo es un ser independiente, sujeto de derechos y obligaciones. Claro que un bebé no tendrá obligaciones, pero sí derechos. Derecho a tener un nombre propio, derecho a recibir alimentos y ser cuidado, etc.

El alcance de la personalidad jurídica en materia penal va más allá. Si un bebé es asesinado, no se califica como homicidio, sino como infanticidio, y las penas son más duras. Porque aquí lo que se está protegiendo es la vida de un ser indefenso.

Un embrión, aunque sabemos que posee cuerpo y cerebro, no puede vivir fuera del cuerpo de su madre. No puede respirar, ni comer. Al no tener esa independencia biológica, es obvio que su personalidad jurídica aún no comienza.

Pero ahí ya entramos en materia de polémica. ¿En qué momento se le debe reconocer como individuo? Las posturas son muchas. La religión considera que desde el momento de la concepción. La biología y la medicina no se ponen de acuerdo. Habrá médicos que consideren que desde la concepción, otros hasta pasados ciertos meses en donde el producto será viable si nace prematuramente, otros hasta el nacimiento.

Ante esta incertidumbre, los legisladores establecen las leyes de acuerdo a los valores y moral que impera en la sociedad a la que pertenecen. Si la sociedad es liberal, entonces establecerán que el embrión no tiene personalidad jurídica, que forma parte del cuerpo de la madre y que será ésta quien decida si lo quiere abortar o llevar su embarazo a término. Si la sociedad en cambio es conservadora y ultra-religiosa, abogará por el embrión y el feto, pues para ellos ya es una persona independiente, con derecho a la vida, y por tanto, criminalizarán el aborto porque lo considerarán un asesinato. El grado de criminalización va desde sancionar todo acto que implique la interrupción del embarazo, o dejarán excluyentes de responsabilidad como en caso de violación, riesgo en la salud del propio feto o de la salud o vida de la madre. Más adelante me adentraré en estas excluyentes.

El camino para llegar a estas leyes ha sido muy, pero muy largo. La mujer desde siempre ha sido considerada un ser inferior, no por sus capacidades mentales, sino porque no poseemos la misma fuerza física de un hombre, y eso ellos lo han tomado como ventaja para imponer su dominio sobre nosotras. A esto hay que sumarle, que biológicamente, somos nosotras las que engendramos hijos, las que tenemos que llevarlos nueve meses en el vientre, las que enfrentamos dolores de parto y las que mayormente llevamos la carga de criarlos, alimentarlos, cuidarlos, etc.

Las mujeres en la antigüedad no gozaban de muchos derechos. Por ejemplo, si un hijo nacía fuera del matrimonio, fuera producto de una violación o de una relación extra-matrimonial, ya era condenada. El hijo no tenía ni siquiera derecho al apellido del padre, mucho menos tenía derechos a recibir alimentos por parte de él. Incluso en las actas de nacimiento, se le asentaba como hijo ilegítimo o "bastardo".

Fueron años y años de lucha por parte de mujeres que se logró cambiar la legislación y ahora, cualquier hijo, sea nacido dentro o fuera del matrimonio, se le registra con el apellido del padre o se le finca un juicio de reconocimiento de paternidad.

También, la misma irresponsabilidad de algunos hombres de no mantener a sus hijos, orilló a que mujeres también presionaran a los legisladores, para que se cambiara la ley y se estableciera que los niños tenían derecho a recibir una pensión alimenticia lo suficiente para cubrir sus gastos hasta la edad adulta.

Por otro lado, también  las mujeres han exigido que se cambien las leyes, para poder trabajar (antes no podían hacerlo) y que no las corran por estar embarazadas, para tener seguridad social, guarderías, estancias infantiles. Porque criar un hijo sola es una carga muy, muy grande y muy pesada y ante esa irresponsabilidad de algunos machos, la mujer necesita apoyos ¿de quién? pues obviamente que el Estado tiene que protegerlas. Para eso está.

(Y por favor, no me salgan con frases como "entonces para qué abrieron las patas". Porque para engendrar un hijo se necesitan dos. Y  si la mujer sale embarazada, para ellos es más fácil huir y deslindarse del asunto.)

Todas estas batalles legales se han ido ganando a base de mucho esfuerzo, de muchas protestas de mujeres, y aún así, es complicado hacer valer estos derechos. Un juicio (reconocimiento de paternidad, sumario de alimentos, laboral, etc), es caro. Hay que pagar abogados, aportar pruebas, y esperar fallos del juez. Eso además de caro, es cansado y desgastante. Y aún teniendo la sentencia a favor, es difícil ejecutarla porque no falta el padre irresponsable que renuncie a su trabajo con tal de no pagar pensión alimenticia, o que se largue de la ciudad o del país para que no lo encuentren.

Ante todas estas circunstancias, por eso las mujeres de esta generación no quieren tener hijos no deseados. Por eso pelean el derecho al aborto, para no tener que enfrentarse a ese duro calvario de perseguir al padre para que se haga cargo del chamaco. Para tener oportunidad de seguir estudiando y trabajando y procurarse un mejor nivel de vida que difícilmente conseguiría si se convirtiera en madre prematuramente.

Alguien por ahí me dijo en Facebook, de que si solamente el aborto estaba justificado en violación o riesgo a la salud, que al final de cuentas, todos son embriones con derechos.   Claro, desde el punto de vista moral, religioso, el que tú quieras, sí. Pero legalmente, una violación representa un trauma muy grande y difícil de superar para una mujer (un psicólogo de medicina legal me dijo, lleno de coraje, que le había tocado atender casos de esos y que las mujeres no quedaban del todo bien, siempre tendrán que lidiar con ese trauma). Así que un embarazo producto de esa violación, es muy traumatizante, llevar al hijo del atacante y encima mantenerlo, para ellas es como si las "violaran" constantemente. (Admiro a las mujeres que se sobreponen y se quedan con el niño). También en casos de riesgo a la salud o vida. Cuidar a un niño con una enfermedad congénita es un gasto enorme que a veces la familia no tiene la capacidad para enfrentar. Hay mujeres que tienen que dejar de trabajar para cuidar al niño con este tipo de enfermedades y no tienen cómo solventar los gastos médicos. O qué decir cuando la vida de la madre está en riesgo si lleva el embarazo a término. Es por ello que algunas legislaciones se establecieron estas excluyentes,  y recalco que en "algunas", porque hay muchas legislaciones de países latinos que prohíben el aborto bajo cualquier circunstancia,  y lo sancionan con duras penas de cárcel.

Y volviendo al tema, si no es el caso de los anteriores, si el embarazo no fue producto de una violación ni pone en riesgo la vida ¿es ético o no abortarlo? Eso ya depende de los valores personales y de la religión de cada quien. Yo por ejemplo, no lo haría, porque esos son mis valores. Pero he conocido a mujeres que sí lo han hecho, que sí han abortado, porque no lo deseaban, porque no era el momento, porque querían seguir trabajando, porque el hombre no se hizo cargo. Y fue en la clandestinidad.

Por eso algunas mujeres  no quieren ser madres...

miércoles, 6 de marzo de 2019

Reseña libro: La señora de los sueños, de Sara Sefchovich

La semana pasada en el club de lectura nos tocó comentar acerca del libro "La señora de los sueños" de la autora Sara Sefchovich.

Debo decir que no conocía a esta autora, así que el libro ha sido una sorpresa para mí, en cuanto a su historia. Bueno, no es una historia. Son como 8 libros en uno.

Al principio me confundían las diversas voces narrativas. No se sabía quién contaba la historia. Pero poco después le fui agarrando el hilo.

Se trata de Ana Fernández, un ama de casa, con varios años de casada, e hijos adolescentes, que cae en depresión. No sabe qué propósito tiene su vida, ya que todos sus mejores años se han ido en atender al esposo, los hijos, cocinar y mantener una casa limpia y ordenada. No tiene pasatiempos, no tiene amigas, no tiene más trabajo que estar encerrada en la casa. El esposo se ha vuelto poco cariñoso y atento (él dice que porque ella ya no es la misma mujer con la que se casó), la hija mayor la considera aburrida (ella asegura que cuando se case, no será como su mamá, ella si será el ama de casa perfecta), y el hijo menor, aunque la comprende, tampoco pone mucho de su parte.

Ante tal aburrimiento y melancolía, un día pasa por una librería y se interesa en los libros, gracias a las recomendaciones que le hace el dependiente.

Así, Sara emprende un viaje a través de la literatura. Vive primero la historia de una mujer musulmana, que recorre los desiertos. Luego vive el amor intenso a través de los ojos de una aristócrata rusa en la época de los zares. Conoce Nueva York e Israel. Convive con personajes de la historia como Darwin, Fidel Castro, Gandhi.

Todas las historias están muy bien estructuradas y desarrolladas. Se nota que la autora documentó muy bien cada una de ellas, pues agrega datos históricos y palabras en lenguas extranjeras. Efectivamente, el lector vive un viaje a través de los personajes alrededor de todo el mundo, y a través de la historia.

También marca la evolución que uno tiene como lector. Al principio, elegimos novelas de aventuras o románticas. Después elegimos algo más avanzado, como ciencia, historia, ensayo, y filosofía.

Un libro bastante recomendable.

martes, 5 de marzo de 2019

Contaminación

En los últimos días Monterrey ha estado muy contaminado. Aunque sea fin de semana, con poco tráfico vehicular, el cielo se ve amarillento grisáceo. La autoridad no hace nada al respecto, más que monitorear la calidad del aire y avisar "hoy está malo", "hoy está regular". No propone ni implanta ninguna medida o sanción contra las industrias contaminantes. Sólo recomienda que no salgamos a la calle o no hagamos ejercicio al aire libre.
Una vez un conocido mío salió en bicicleta a hacer ejercicio. Es una persona joven y sin problemas de salud. Pero cuando terminó su recorrido, contó que sintió como si hubiera fumado una cajetilla de cigarros. Así de cabrón está la situación ambiental en mi ciudad.
Quizá llegue el día en que sea más fácil usar tapabocas o filtros de aire que frenar la contaminación. Aquí es una zona industrial y se mueven muchos intereses de las clases altas y los políticos.
Me da pena por los niños, porque para ellos es normal ver un cielo opaco, tierroso y gris. Ellos no conocen los días azules, que yo tanto disfrutaba cuando era niña y adolescente. Especialmente en primavera. El cielo adquiría un celeste intenso, muy bonito, muy limpio.
Esos cielos no volverán, al menos no a corto plazo si no cambian las cosas aquí. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

El silencio a veces lastima (poema)

El silencio a veces lastima
cuando entregas el corazón
cuando te arrojas a la esperanza 
y ver que ese amor no es correspondido
porque no hay mensajes
no hay llamadas
no te llama 
no te busca
Esa indiferencia es la que mata
hiere, castiga 
sin saber cuál fue tu culpa
si lo único que hiciste fue confiar
si lo único que hiciste fue ilusionarte
Por eso no esperes que te reciba con los brazos abiertos
porque en todos tus años de silencio
yo luché para sacarte de mi mente
para secar mis lágrimas
para aprender a confiar de nuevo en la gente
para borrar tu recuerdo
Por eso si te preguntas 
por qué soy indiferente
no fue por venganza
tampoco por odio
fue porque con tus años de silencio
apagaste la flama
de ese sentimiento que tuve alguna vez por ti

lunes, 11 de febrero de 2019

Lynda Thomas

Ya es chisme viejo, pero yo apenas me acabo de enterar de que Lynda Thomas regresó de su autoexilio para integrarse al Pop Tour de los 90's.

Lynda Thomas fue muy popular en los años 90's y principios de los 2000. Reconozco que no siempre fui fan de ella, ya que sus primeras canciones eran infantiles. Creo que fue a partir de 1999 con el album "Mi dia de la independencia" que me empezó a llamar la atención. Canciones como "Maldita Timidez", "No quiero verte", "Corazón Perdido" fueron éxitos rotundos, ocuparon los primeros lugares en las listas de popularidad.

Lynda tenía algo que la hacía diferente a las demás cantantes de moda. No manejaba una imagen sensual ni erótica. No mostraba mucho su cuerpo, al contrario, tenía un look de "girl next door": pantalones acampanados, playeras coquetas, cabello largo. Al principio lacio, después con rastas. Tenía muy buena voz, incluso en vivo cantaba muy bien, cuando muchas de su camada tenían que hacer uso del playback, ella podía cantar igual que como sus discos. Sin mencionar que ella componía sus propias canciones.

Su éxito subió como la espuma al ser una de sus canciones el tema principal de la telenovela "Primer amor: a mil por hora".

Y ahí no paró su evolución. Su siguiente disco "Polen" fue una total ruptura hacia todo lo que había hecho anteriormente. Canciones como "Mala Leche", "Lo Mejor de Mi", fueron exitazos. Aunque en lo particular siento que la canción "Polen (Todas las mujeres)" es la mejor del albúm. Es un himno al empoderamiento femenino.

Después de eso Lynda desapareció misteriosamente de los escenarios. Desapareció justo antes de que surgieran las redes sociales, lo hizo de manera silenciosa, sin llamar la atención, sin dar explicaciones...

Mucho se especuló de sus motivos para abandonar su carrera en plena cima del éxito. Algunas fuentes dicen que porque ella no estaba dispuesta a ser lanzada como "princesa del pop" porque esto significaría una involución. (Me quedo pensando que  tal vez Shakira ocupó ese puesto, ya ven que ella abandonó sus raíces rockeras para convertirse en popera y reguetonera).

Otras fuentes indican que el principal motivo por el cual se autoexilió fue por el escándalo que protagonizó al meterse con su cuñado, Carlos Lara, quien en ese entonces estaba casado con Alisa, la hermana mayor de Lynda y con quien incluso ya tenía un hijo.

Lynda nunca fue una chica noviera, pero ese escándalo la marcó. Supongo que prefirió huir antes que aguantar que la prensa la señalara y la lapidara.

Eso hizo que el mundo perdiera a una gran cantante. Ella iba un paso adelante en cuestión musical. El género que experimentó en el album "Polen" (rock-folk, punk, post-grunge), se hizo muy popular años después, gracias a Avril Lavigne.

No estuvo del todo inactiva. Desde el anonimato, seguía componiendo canciones para otros artistas. Pero se le extrañaba verla en los escenarios.

Por muchos años nadie supo nada de ella. Parecía que la tierra se la hubiera tragado. En el 2015 apareció Carlos Lara dando unas declaraciones ambiguas, diciendo que ella era madre de un niño y que todo estaba bien, que algún día ella saldría de las sombras y contaría su verdad. (Obviamente él nunca reconoció ser el padre).

Y de pronto, después de 16 años, Ari Borovoy la convenció de volver a los escenarios. Al parecer, esto le tomó meses de conversaciones, pues ella estaba renuente a regresar.

Y finalmente volvió, a esta gira del recuerdo. Pero también lanzó un nuevo sencillo, titulado "Lo mío", que está disponible ya en varias plataformas. También ya creó perfiles en redes sociales.

Encontramos a una Lynda muy, muy diferente. Dejó atrás las rastas, la imagen rockera. Ahora se ve como lo que es: Una mujer de 37 años, madre de familia.  Y eso es lo que refleja su nuevo single.
Creo que es género pop-folk.

La mayoría de sus seguidores aplaude su regreso y la nueva canción. De hecho a mí también me gusta. Pero no falta quien diga que se extraña a la Lynda rockera.

Yo creo que Lynda no podrá ser rockera de nuevo, porque ella ya está en otra etapa de su vida. (Nos perdimos sus años 20's y 30's), pero ella siempre fue una visionaria de la música y el género que ahorita nos está mostrando es lo que viene.

Esta canción es muy pegajosa, muy natural y rítmica, no dudo que se convierta en éxito.






Los maravillosos 90's

Un amigo me mencionaba que tiendo a citar en mis escritos muchas canciones de los años 90's. Es verdad.

Tal vez sea la nostalgia, no sé, por haber vivido mi adolescencia en esa década. Cada persona siempre siente que la música de su época de adolescencia es la mejor de todas. Habrá quien dice que los años 80's fueron los mejores, otros dicen que los 60's. Los más jóvenes obviamente adoran los géneros del reguetón y el hip hop.

Yo diré, sin embargo, que la mejor música que pudo existir fue la de los 90's, porque algo tienen esas canciones que trascendieron la temporalidad, se pueden escuchar siempre sin perder esa frescura.

Hubo de todo. Hubo canciones muy plásticas pero entretenidas, como las de Spice Girls o Aqua. Hubo grunge como Nirvana y Soundgarden. Hubo buen rock como Oasis y Semisonic. Hubo buenas solistas como Alanis Morissette, Fiona Apple y Tori Amos.

En español ni se diga. México vivió una bonanza de rock en nuestro idioma. Tenemos a Café Tacvba, la Maldita Vecindad, Fobia, La Lupita, Santa Sabina, y grupos extranjeros como La Ley, Soda Stereo y Héroes del Silencio.

No sé cómo describir estas canciones. Sólo diré la sensación que me evocan. Eran muy introspectivas, muy intensas, algunas tenían cierta poesía en sus letras. Tenían además ritmo y armonía. Eran letras hechas a conciencia, no sólo rimar por rimar. Lograban una conexión con mi espíritu, algo que la música de los 2010's no logra provocarme.

He querido aprender a apreciar la música moderna, pero no lo consigo, porque no encuentro en sus letras esa ansia de libertad, esa lucha para romper con los paradigmas. Al contrario, siento que quieren homogeneizar a la gente, convertirlos en clones que piensan y sienten lo mismo. Las letras modernas están carentes de sentimiento pero muy cargadas de sexo y groserías. Evocan más a sensaciones carnales.

En cambio la música de los noventas era sublime. Recuerdo cómo la piel se me ponía chinita al escuchar canción tras canción. Estas melodías despertaban mi creatividad y me hacían imaginar historias. En ese entonces el Internet estaba en pañales,  así que no había Spotify ni nada de eso.

Había dos maneras de apropiarse de las canciones. Una de ellas era ir a las tiendas de discos, pasarte horas ahí escuchando las novedades del momento, conviviendo con otras personas y salir de la tienda contento porque llevabas el cd o el cassette de tu artista favorito para escucharlo una y otra vez en tu casa.

La otra era grabar las canciones directamente de la radio, en un cassette, algo que yo hacía porque no siempre tenía dinero para comprar un cd. Cuando escuchaba el intro de una canción que me gustaba ponía el botón de REC y esperaba atenta a cortar la grabación antes de que el locutor hablara y la arruinara. Luego anotaba los títulos en la tapa y lo decoraba con flores y calcomanías.

También era un deleite ver los videos en canales como MTV.

Hoy todas esas sensaciones se han perdido. Supongo que ahora las nuevas generaciones encuentran otras maneras de disfrutar la música, no sé. Pero los maravillosos 90s ya se fueron, y sólo quedan en la memoria de la gente de mi edad.

sábado, 9 de febrero de 2019

Reseña "Ojos sabor a menta" por la escritora Marisol Vera Guerra


Iba a poner aquí un epígrafe, la sesuda reflexión de Kierkegaard, por ejemplo, algo sobre ética o estética, sobre la elección y la existencia, eso en lo que se circunscribe nuestra humanidad. Todo adolescente sabe lo que es enfrentarse a ese dilema existencial, incluso aunque no haya leído a ningún filósofo en su vida. Ya lo refería Heidegger, ser humano significa ya filosofar. Estas crisis, entonces, no solo son posibles en cualquier persona, sino inevitables. 

Claro que hay niveles de abstracción distintos y, por tanto, diversos alcances de dichas reflexiones. Y, bueno, cito la adolescencia porque es la etapa de la vida en la que rompemos con los padres, nos peleamos con el sistema y nos autodefinimos. Y todos, por cierto, pasamos por ahí –algunos creo que nunca logramos salir completamente–. 

Acaso muchos escritores siguen cobijando en su interior a ese muchachito o muchachita que alguna vez fueron, con el pelo sobre la frente o una guitarra al hombro o libros bajo el brazo o en una pista de baile… que intentaba vérselas con la vida, entender el mundo de los afectos, comprender sus propias rarezas. Y más cuando eres en realidad raro, cuando tienes la cualidad de saborear los colores, como Vera, o de recordarlo todo, como Raúl Lavigne.  

Iba, pues, a enfrascarme en e-lu-cu-bra-cio-nes metafísicas y filosóficas, como corresponde a cualquier intelectual, y luego me pregunté: ¿Para quién estoy escribiendo?, ¿qué es lo que verdaderamente necesito decir acerca de esta novela, que es la historia de una muchacha con sinestesia viendo la realidad de manera diferente y ya?, ¿le doy un enfoque de inclusión o de equidad o de… qué?, ¿y eso qué dice sobre mí misma?, ¿le responde algo al lector?  –ya ven cómo es inevitable filosofar–. 

Entonces me propuse decir algo más bien sencillo pero no carente de profundidad. Y esto, al final de cuentas no es tan fácil como parece. Las reflexiones más hondas acerca del ser pueden suscitarse desde escenarios, palabras y personajes que no revelan a primera vista esta complejidad, que se nos antojan ordinarios. Que son como nosotros. 

Debajo de cada cosa ordinaria subyace lo extraordinario. Esto es, al menos, lo que me parece que transmite Rocío Ramírez Castillo, una novelista astutamente disfrazada de contadora y, por si fuera poco, también de abogada. Por eso ella comprende tan bien a Vera, quien ha aprendido a ocultar esa cualidad suya de tener los sentidos cruzados. Esta joven tan especial que ve colores en los sonidos y siente texturas con las figuras geométricas sabe que para encajar en las sociedad hay que rechazar cualquier cosa de uno mismo que parezca singular o extraña. 

Claro que Rocío no rechaza su Yo artístico, ha aprendido, de hecho, a integrarlo a su totalidad como mujer y como profesionista, y sin duda puede decirnos muchas cosas interesantes acerca de los sinsabores, dudas y tropiezos que se van dando en este proceso del autoconocimiento y de aceptación de uno mismo. Nos lo relata con amenidad, situándonos en un contexto en el que, aunque existen los celulares, también hay lugar para estar con tu mejor amigo, tu novio o con el chico que te cae mal compartiendo miradas, sonrisas, sueños. Entonces sí que se activaban los sentidos. 

Algo hay de inocencia en esto. También aparecen la decepción y el desamor, esa historia que todos conocemos porque a todos nos han roto el corazón. Pero Rocío no escribe desde la fatalidad ni nos muestra a un personaje que terminará echándose sobre las vías del tren o comiendo arsénico, sino a un personaje de nuestra época, una chica que va construyendo su identidad asertivamente y encara el futuro, todavía muy largo e incierto, con música y buen humor. 

Yo diría que Ojos sabor a menta es una novela que puede insertarse completamente en el lenguaje de la posmodernidad, amena, que se lee con ligereza, tal como nos lo hubiera recomendado Juan José Millás –parafraseo–, como una manera no de retratar la realidad, porque esto que vemos no puede ser la realidad, sino para encontrarla, precisamente, para abrir una fractura en este abismo en el cual vivimos –el cual creemos que es “lo real”– y ver del otro lado. No todas las personas son conscientes de ese otro lado, esa dimensión donde existimos de una manera más esencial que aquí. Por fortuna, entre el baile de máscaras habita quien tiene esa rara cualidad de ver más allá de lo que nuestros sentidos perciben.  



Marisol Vera Guerra es psicóloga, escritora, dibujante y editora. 
Sus redes sociales: 
Twitter: @veraguerra 
http://mujerespejo.blogspot.com
 

lunes, 4 de febrero de 2019

De cómo mi niña interior está llorando porque no ganó

Casi nadie sabe, pero la primera vez que me tomé muy en serio el oficio de ser escritora comenzó cuando tenía 8 años, más o menos. En aquel entonces yo estaba leyendo en el periódico que habría un concurso de cuento infantil, organizado por el ya desaparecido museo de Cervecería. La mecánica consistía en asistir a la exposición de Remedios Varo, y escribir un cuento inspirado en una de sus obras.

Esa vez le rogué a mis papás que me llevaran y ellos accedieron. Así que fuimos. De hecho esa fue la primera vez que visité un museo.

Debo decir que la obra de Remedios Varo me fascinó y me atrapó desde el primer instante. De hecho sigue siendo mi pintora favorita.

La pintura que yo elegí fue esta.


Y aunque ya no recuerdo como iba el cuento, creo que mas o menos se trataba de una niña que entraba a una casa embrujada, donde la silla donde se sentaba tenía un fantasma atrapado que la sujetó de los brazos y no la dejaba salir. Al final la niña se hacía amiga del fantasma.

Pero cuando me enteré que no gané, recuerdo que me sentí muy triste y me puse a llorar. Desde entonces me propuse que trabajaría mucho por convertirme en una gran escritora, y así fue, desde entonces escribí cuadernos con muchas historias, y ahora últimamente llevo 5 libros autopublicados.

Hace unas semanas, me enteré de una convocatoria del museo Marco, para escribir un cuento sobre la obra de Leonora Carrington (que curiosamente, es el mismo estilo de Remedios Varo).

Obviamente participé, pensando que ahora sí me reivindicaría y ganaría.

Pero... otra vez no gané.

Esta vez no lloré, pero no pude evitar sentirme algo triste por dentro. O tal vez es mi niña interior la que está llorando porque no ganó.

Anyway... les comparto el cuento.




FRAGMENTADO
El día que el mago Zoroastro viajó al desierto se encontró consigo mismo. No de manera
metafórica: literalmente se encontró a sí mismo.
El encuentro fue tan incómodo como inquietante. Ocurrió en el pueblo fantasma del
desierto de Gumlom, mientras el mago Zoroastro caminaba en el mercado y los animales
etéreos flotaban sobre los techos de las casas, evaporándose con las nubes.
––¡Hola! ––gritó su otro yo –– ¡Cuánto tiempo!
––Hola ––saludó el mago Zoroastro a su imagen.
––¿No me recuerdas? ¡Soy tú! ––exclamó su otro yo, antes de soltar una sonora
carcajada.
El mago estaba desconcertado. En verdad no lo recordaba.
Su otro yo lo jaló del brazo y le dio un fuerte abrazo, como quien encontrara a un pariente
que no ha visto en años. Pero el mago Zoroastro seguía confundido.
––¿Dónde habías estado todo este tiempo? ––le preguntó su otro yo.
––Eh… siempre he estado en el mismo lugar.
––¿Hace cuánto que no nos veíamos? ¿Hace diez años? No, ¿quince años?
––Eh… no sé.
––Ya sé. Fue hace diecisiete años que dejaste de hablarme. Es una lástima. Nos
llevábamos tan bien…
El mago Zoroastro se rascó la cabeza, confundido. No recordaba a su otro yo, de hecho
era tan diferente a él que no podía creer que fueran uno mismo. Zoroastro era un
reconocido sabio. Vestía una sencilla túnica verde con sandalias de cuero. Su rostro
usualmente reflejaba paz y serenidad, y se jactaba de ser un hombre disciplinado y
estudioso de los pergaminos de la sabiduría. Hasta que un día se despertó vacío. Su
mente estaba llena de conocimientos y hechizos, pero el corazón había desaparecido. Así
que salió en su búsqueda, pensando que lo encontraría por ahí, debajo de una piedra,
escondido en el brillo de una estrella o en el beso de alguna dama.
Pero por más que buscó su corazón, no lo encontró por ningún lado. Así que preguntó a
los demás si acaso lo habían visto, y un hombre de capa negra montado en un león
blanco le sugirió que viajara al desierto de Gumlom, porque en Gumlom van todas las
cosas que se han perdido, como la infancia, la inocencia o el tiempo.
Fue ahí cuando se encontró a sí mismo, a su otro yo. Blanco, parlanchín, irreverente,
poeta y aventurero.
Su otro yo soltó una carcajada. Su risa se sembró en la tierra y de ahí creció una rosa.
––Esto hay que celebrarlo, vamos a tomar una copa ––sugirió éste.
––No puedo, estoy buscando algo.
––¿Qué cosa?
––Mi corazón.
Su otro yo se abrió la túnica.
––¿Es este?
Y ahí estaba el corazón del mago Zoroastro, colgando de un collar, palpitando y
bombeando sangre, llenando de vitalidad a su otro yo.
––¿Dónde lo encontraste? ––preguntó asombrado el mago su otro yo.
––No lo encontré. Siempre lo he tenido. Recuerda que tú y yo somos uno mismo.
––¿Y por qué me siento vacío?
––Porque tú me expulsaste de tu vida. ¿Lo has olvidado? Desde que aquella mujer te dijo
que no te amaba. Me dijiste que ya no necesitabas el corazón y no me necesitabas a mí.
––¿Me lo devuelves?
Su otro yo volvió a reír, pero esta vez su risa fue sarcástica, y se convirtió en una
serpiente que se arrastró por el suelo y mordió a un avecilla.
––¡No! ––respondió su otro yo a carcajadas antes de evaporarse.
Pero el mago Zoroastro pisó su túnica, le dio un abrazo y se fundieron en uno solo. Nunca
más volvería a estar fragmentado.


viernes, 1 de febrero de 2019

El día que me encontré una mariposa dorada

Cuando tenía 5 años tenía mucha suerte. Solía encontrarme cosas tiradas. La mayoría de las veces eran monedas (aunque una vez me encontré un billete). Pero la mejor cosa que me encontré fue una mariposa dorada.
Iba caminando y brincando por la calle Morelos, en el centro de Monterrey. Iba de paseo con mis papás y mis hermanitos.
De pronto algo llamó mi atención. Era algo dorado y brillante. Me acerqué. Cuál fue mi alegría que me encontré una mariposa dorada.
En realidad era un broche, que se ponía en la ropa. Yo me emocioné y compartí mi hallazgo con mis papás como si hubiera encontrado un gran tesoro y le pedí a mi mamá que me lo pusiera en mi vestido.
Todavía conservo la mariposa dorada. Ya han pasado muchos años, pero sigue igual que como cuando la encontré. Es un tesoro que remonta a mi infancia y a días felices.


martes, 29 de enero de 2019

Godinez y Mirreyes

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El domingo vi la película "Mirreyes Vs. Godínez". Es una película mexicana que habla sobre cómo un grupo de oficinistas (que aquí en México se les dice "Godínez") se enfrentan a la nueva administración conformada por los herederos del dueño y sus amigos de clase alta (los "Mirreyes").

Esta vez no hablaré sobre la película en sí, sino en esta dinámica que se desarrolla en casi todas las empresas.

Cuando yo trabajaba para una empresa grande, noté diferencias entre los chicos de clase alta con los oficinistas. No quiero llamarlos Mirreyes y Godínez porque estos términos los considero peyorativos, así que los llamaré como "proyectistas" y "oficinistas". Los proyectistas los llamo así, porque en su mayoría eran jóvenes recién egresados del Tec o de alguna universidad privada cara. Conocían a los dueños y a los principales directivos ya que éstos eran amigos de sus papás. Así que en vez de saludar a los dueños como "ingeniero", los llamaban por su nombre de pila.

Los proyectistas no tenían un horario en concreto. Llegaban y se sentaban frente a un escritorio reservado exclusivamente para ellos y sacaban una laptop y se dedicaban a armar proyectos. Todos esos proyectos tenían que ver con hacer más eficiente la planta en términos de tiempo y calidad. Si un proceso lo consideraban largo, se ponían a interrogar a los empleados, a checarles tiempos, a preguntarles el por qué se hacían las cosas como se hacían.

Al final, hacían un proyecto casi siempre basado en alguna filosofía japonesa y lo mostraban con bombo y platillo en una sala de juntas, a donde acudían los principales directivos. En estas presentaciones los proyectistas incluían palabras en inglés (o a veces toda su presentación era completamente en inglés) y con números y estadísticas, demostraban que su nuevo proceso era lo mejor y que debía implantarse de inmediato para que la empresa ganara muchas utilidades.

Al final del proyecto, los proyectistas se iban a otra empresa... casi siempre ubicada en el extranjero. Algunos iban a Estados Unidos, otros a Brasil, otros más incluso fueron a Dubai o la India. Al completar 5 proyectos automáticamente pasaban al Olimpo: es decir al corporativo. Con un puestazo, un sueldazo y toda la cosa.

Los oficinistas en cambio, eran los de la talacha. La friega del día a día. Tenían que entrar a las 7 en punto pero no había hora de salida. En épocas de cierre, tenían que quedarse hasta más de la medianoche. El trabajo se acumulaba en los escritorios. Expedientes, papeles sin archivar, facturas. La mayoría traía lonche. Las computadoras que utilizaban eran de escritorio, viejas y algo lentas.

Todos los días los oficinistas eramos citados en una sala de juntas a la que llamaban "War Room". Teníamos que estar de pie, a fuerzas. No había cafecito ni galletas ni nada. Ahí la contralora revisaba las conciliaciones bancarias y nos cuestionaba sobre ciertos asuntos. Si algo no estaba bien, nos regañaban.

A diferencia de los proyectistas, a nosotros los oficinistas nadie nos daba una palmadita en la espalda. Una vez incluso durante un War Room nos avisaron que no iba a haber aumentos. En otra ocasión nos dijeron que habría despidos masivos. Prácticamente no había buenas noticias.

Los oficinistas no viajábamos. Pero sí asistíamos a los convivios (a diferencia de los proyectistas, que nunca asistían a estos). A veces nos enviaban en manada a las juntas de resultados. Nos decían el típico discurso de "pónganse la camiseta por la empresa" que palabras más, palabras menos significaba que trabajáramos más duro (y por el mismo sueldo). También nos decían que no trabajáramos el 100% sino el 200%, o sea, que chambéaramos hasta dejar el alma en la empresa.

A los oficinistas nos calificaban nuestros jefes cada cierto tiempo. Nos decían lo decepcionados que estaban de nosotros por no cumplir sus expectativas, por no dar el ancho en el puesto.

Un tiempo, también nos dijeron que teníamos que armar proyectos, así de bonitos como los que hacían los proyectistas. Pero sin descuidar las tareas o la talacha diaria. O sea que tenías que dividir tu tiempo, entre trabajar y armar proyectos innovadores y chingones como los que hacían los proyectistas, que revolucionaran la industria y generaran utilidades a la empresa. Repito: eso a la par de la chamba diaria, esa no la podías descuidar.

Pero a diferencia de los proyectistas, no había premio. No te mandaban a Brasil o la India. Tampoco te mandaban al corporativo ni te subían el sueldo.

Incluso los currículums eran diferentes. Mientras los proyectistas recalcaban con palabras rimbombantes sus logros   los oficinistas sólo se limitaban a enumerar sus competencias.

Ejemplo de CV de proyectista: "Implementación de procesos de calidad que aumentaron un 50% en las utilidades de la empresa, mejorando así su posicionamiento en el mercado global con un incremento en exportaciones de productos de alto nivel a Asia y Europa"

Ejemplo de CV de oficinistas: "Cuentas por pagar en la empresa Patito SA del 2000-2004"

Ejemplo de CV de proyectista: "Servicio social en la comunidad "El arroyo" donde se llevó a cabo pláticas de valores y ecología con los habitantes del ejido "san juanito"

Ejemplo de CV de oficinista: "Servicio social en Tesorería del Estado. Funciones: sacar copias, archivar expedientes, etc. "


Esas fueron las principales diferencias que vi entre los "proyectistas" y los "oficinistas" (o Mirreyes y Godínez, como quieran llamarlos). Realmente nunca vi una unión entre ambas clases sociales-laborales. Cada quien estaba en su mundo, con su propia gente, los primeros alejados de la realidad, los segundos demasiado inmersos en esta.

viernes, 25 de enero de 2019

Yalitza Aparicio

¿Por qué a muchos mexicanos les incomoda el éxito de Yalitza Aparicio? ¿Por qué sienten vergüenza de que ella nos esté representando como país?
He leído tweets y mensajes en Facebook, donde mucha gente no sólo se burla de ella, sino de toda la clase baja y de la raza indígena. Son comentarios cargados de odio, a niveles inimaginables, como si la pobre mujer les hubiera hecho algo, aunque lo único que hizo fue trabajar. Que su trabajo fuera reconocido en el extranjero es otro cuento (y qué padre que haya sido así).
A los mexicanos no nos gusta reconocer que somos prietos. Ante el espejo, nosotros nos vemos güeros. Nos gusta que la demás gente así nos diga "oiga güerita" "güero".
En la televisión mexicana, por décadas los artistas que nos "representan" son hombres y mujeres rubios, de ojos verdes o azules. Ellos son los que tienen los protagónicos, aún y cuando hagan papeles de campesino o de sirvienta.
A los morenos feos siempre los ponen como malos. Un ejemplo es el actor Alberto Estrella, al cual admiro mucho y siento que ha sido subestimado. Una vez lo vi en una obra de teatro de la UANL y quedé impresionada con su nivel de actuación.
En esta obra él era el protagónico. Sólo eran dos personajes, él y una mujer (no recuerdo el nombre de la actriz) . Su actuación intensa y bien lograda.
Sin embargo, en la televisión mexicana lo han encasillado en papeles de villano. Y así como él, a muchos actores y actrices que nunca llegan a figurar, más que como papeles secundarios: el chofer, la nana, la sirvienta (pero sirvienta que siempre se queda de sirvienta, que nunca se casa con el rico), el malo, o últimamente, narcos.
Y por eso, aunque seamos morenos, no estamos acostumbrados a vernos reflejados en las telenovelas ni en las películas, ni siquiera en los comerciales.
Y que ahora una mujer como Yalitza Aparicio sea tan reconocida por grandes figuras del cine americano y que además se esté convirtiendo en ícono de moda de grandes diseñadores, a muchos mexicanos les causa incomodidad, escozor.
Todo su paradigma se trastoca. "¿Entonces está bien ser moreno?"
En fin, deseo que a Yalitza Aparicio le sigan ofreciendo más papeles. Sería interesante que no la encasillaran de sirvienta y que actúe en otros personajes, como abogada, o doctora, mujer de negocios, artista, no sé.
Es hora que veamos a los verdaderos mexicanos en las pantallas. 

martes, 22 de enero de 2019

Desabasto de gasolina en Monterrey

Hoy en Monterrey nos enfrentamos al desabasto de gasolina. El dìa de ayer (21 de enero), la gente entró en pánico, abarrotó las gasolineras formando filas kilométricas, y como era de esperarse, el combustible se agotó.
El día de hoy fui a tres gasolineras, y ninguna estaba operando. Revisé en los links que proporcionaron petro seven y oxxo gas, y en todas las correspondientes a Monterrey y área metropolitana no hay gasolina, ni magna ni premium.
Afortunadamente uso poco el coche y todavía tengo medio tanque. Confío en que esta situación se arregle pronto y vuelvan a surtir.
Sin embargo, me pongo a pensar, que como ciudad no estamos preparados para vivir sin coches. Tenemos una pésima infraestructura peatonal, las banquetas son estrechas y están en malas condiciones (en algunos tramos son inexistentes). El transporte público es un mugrero. Camiones en mal estado, sucios, vandalizados. No hay ciclovías. El metro funciona a medias, pues no está completamente terminado y sólo abarca ciertas zonas. Los taxis son inseguros. Por cualquier punto que lo veas, Monterrey no está preparado para una vida sin automóviles.
Incluso admito que yo misma me he acostumbrado tanto a andar en coche que se me dificulta volver a ser peatón, quizá porque la ciudad de ahora no es la que yo conocí hace 10 años.
Ante esta escasez de gasolina, vale la pena que empecemos a pensar en otras soluciones.

lunes, 14 de enero de 2019

Soundtracks de películas

Hoy voy a hablar cómo algunos soundtracks le aportan a una película un sello tan especial, que no sólo adereza la historia, sino que la engrandece y que sin ellos, la historia no sería tan trascendente.

El primero de ellos es "La increíble vida de Walter Mitty", protagonizada por Ben Stiller. La historia trata sobre un oficinista que trabaja seleccionando fotografías para la portada de la revista Life. Walter Mitty es un tipo aburrido, gris, callado y solitario, sin vida social, que se la pasa imaginando aventuras y está secretamente enamorado de una compañera. Cuando anuncian el cierre de la revista, Walter se da cuenta que ha perdido el negativo de la fotografía que sería la portada del número final. A partir de ahí comienza su gran aventura.

Como ven, la historia así contada, no tiene gracia. Incluso resultaría aburrida o insípida. Pero el soundtrack que acompaña las aventuras de Walter, sumado a las grandiosas imágenes de los paisajes que recorre, le da a la película un aspecto sublime. No se puede escuchar el soundtrack de manera aislada, aquí música e imagen es la que le da ese toque épico y aventurero.






La otra película que tiene un soundtrack bastante bueno es "Marie Antoinette" protgonizada por Kirsten Dunst. Como su nombre lo dice, la historia habla sobre la vida de María Antonieta, reina de Francia (y que posteriormente fue guillotinada durante la Revolución Francesa, aunque dicha escena no se muestra en la película).

La historia podría haberse convertido en otra película más de época, con vestidos pomposos, peinados altos y música barroca. Pero su directora Sofía Coppola le da un matiz diferente incorporando un soundtrack bastante moderno, que a primera vista no encaja con la historia que se está narrando. Debo admitir que la primera vez que vi la película me causó cierta desazón. Pero después de verla varias veces caí en la cuenta que la música te hace ver que María Antonieta era, efectivamente, una adolescente, y se divertía como lo hace cualquier chica de su edad, algo que no se hubiera logrado transmitir si se hubiera optado por la música barroca.

Observemos esta escena donde María Antonieta se va de juerga con sus amigas a una mascarada. La música de Siouxsie and the Banshees evoca la sensación de un antro o una fiesta adolescente.





¿Qué opinan? ¿Hay algún soundtrack de alguna película que les haya llamado la atención?