jueves, 4 de junio de 2009

Reseña de libro: la quinta montaña

Hoy les voy a reseñar un libro que en lo personal, me impactó en su momento porque llegó en una etapa de mi vida en que sufría una especie de conflicto con mi trabajo.

Hablo de "La Quinta Montaña" de Paulo Coelho.

Como lo leí ya hace cuatro años, tal vez me fallen algunos detalles, pero trataré de narrarles la esencia de la trama.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado si estamos en el trabajo correcto, si escogimos bien nuestra profesión, si estamos en el camino indicado? ¿cuántas veces hemos dudado de nosotros mismos, de nuestras capacidades? ¿cuántas veces nos hemos sentido tentados a abandonarlo todo y huir? ¿cuántas veces hemos sentido que tenemos una misión en la vida, pero que no ha llegado el momento de realizarla?

Todas estas preguntas se plantean en esta novela, donde el autor retoma a un personaje bíblico: el profeta Elias, en su juventud.

Todos sabemos la importancia que tuvo Elías en la Biblia. Tanta es que incluso Jesucristo lo menciona algunas veces.

Pero aquí Coelho nos retrata a un joven profeta, un chico común y corriente, inseguro, casi un adolescente semipuberto que no sabe nada de la vida, que un día recibe la vocación de denunciar las injusticias de Israel. El rey se ha casado con una reina pagana, que intenta imponer a los israelitas el culto a Baal por encima de Dios. Elías la denuncia, y es perseguido por los ejércitos de la reina, quien quiere darle muerte.

Así, Elías huye al desierto y llega a un pueblucho polvoriento y seco. Reniega de su suerte, porque ya está todo hambreado y sediento y todo por andar de profeta. Dios le dice que él está predestinado a cumplir una misión en Su nombre: derrocar el gobierno de la reina, pero antes, debe aprender una lección Debe llegar a ese pueblo y le dice que una viuda lo acogerá.

Efectivamente, una viuda lo encuentra y le da de comer lo poco que tiene. Elías, agradecido, se queda con ella. En el inter le va gustando la ñora y se encariña con el niño, pero luego pasa una tragedia en el pueblo...

Se desata una guerra. Elías, a pesar de ser extranjero y mal visto por los lugareños, se gana la confianza y se convierte en su líder y mano derecha del gobernador.

Pero Elías reniega, sabe que ese no es su pueblo. Que tiene que ir a la Quinta Montaña porque ahi se le dará el poder de bajar fuego del cielo para derrocar a la reina.

Sin embargo, un ángel lo detiene y lo regaña. ¿Ya llegó tu momento? ¿Ya te dijo Dios que fueras ahi? No ¿verdad?, tons retáchate pal pueblo, que todavía tienes que hacer algo muy importante ahí, todavía tienes una lección que aprender.

Así que Elías tendrá que esperar y tener paciencia.

La lección más valiosa del libro es que a veces nosotros estamos obsesionados por llegar a una meta, pero no valoramos todo el proceso que conlleva conseguirla. Andamos echando pestes por las circunstancias que nos tocan vivir y que aparentemente nos alejan de nuestro sueño, pero todo tiene un por qué, sin embargo, no lo veremos hasta el final.

Les recomiendo que no se salten el prólogo de la historia, donde viene una reflexión sobre la vida personal de Paulo Coelho. A mí en lo personal, me llegó, porque yo atravesaba las mismas circunstancias. Perdí mi empleo, un empleo que adoraba con el alma, perdi mi profesión, pero encontré una nueva.

Como alguien me dijo una vez: "La profesión no hace a la persona. Es la persona la que hace a la profesión".

En fin, bastante recomendable esta novela.

Salurocks! y pasensela chido!

miércoles, 3 de junio de 2009

Ecología y economía

Que onda? Estaba pensando en qué tema sería bueno para comenzar este blog. Pues bien, voy a comentar sobre un programa que están haciendo en mi empresa, de intercambiar botellas y latas por semillas de hortalizas.

Me puse a pensar, ¿cuantos en la primaria hicimos el experimento de hacer germinar una semilla de frijol? Estabamos emocionados por ver los primeros brotes de nuestro frijolito en un frasco vacío de gerber o nescafé, sobre un pedazo de algodón húmedo. Al final, lo sembrábamos y... sí, nos olvidábamos de regarla... claro, la regábamos en otras cosas pero no regábamos a la planta.

El hecho de vivir en grandes ciudades, nos aleja del contacto con la naturaleza. Las casas en Monterrey, (ciudad en donde vivo, situada al norte de México) son una especie de cajas de zapatos, donde muy apenas cabe lo básico: el refri, la estufa, la cama y la tele. Olvídate de tener un jardín, porque cada metro cuadrado te cuesta un ojo de la cara, y prefieres usar ese mísero espacio verde en hacer una cochera o ampliar la casa.

Así que vivimos entre puro concreto. Envidio las casas de E. U. y Canadá, que tienen metros y metros de jardines al frente y en los patios traseros. Aquí tener un jardín significa un lujo que sólo los ricos se pueden dar.

Ahora, si no tenemos jardín en nuestra casa, difícilmente podemos tener nuestro propio huerto. En esta época de crisis económica, creo que nos vendría muy bien poder sembrar nuestras propias verduras, aparte de que tendremos la certeza de que no tendrán químicos, nos ahorraríamos un buen de dinero que gastamos en el súper. ¿Se imaginan si cada uno sembráramos diferentes verduras y luego intercambiáramos las que no sobran con nuestros vecinos? Wow, esa sí sería una manera de economizar y solidarizarnos entre nosotros.

Además, la jardinería es una actividad física, donde hacemos ejercicio, y como beneficio adicional, también nos relaja y nos libera del estrés.

A mí en lo personal, me gustaría tener un jardín y caminar descalza sobre el césped húmedo, como lo hacía de niña.

Pero bueno, ese es uno de mis sueños guajiros. Por lo pronto me conformo con sentarme bajo la sombra de un árbol.