Ayer fui con una amiga a un restaurante bien fino, allá por San Pedro Garza García. Fuimos a desayunar. El restaurante muy elegante, muy bonito, comida tipo francesa. Gente bien nice.
El área de servicio está conectada con la cocina, hay una barra donde los cocineros entregan los platos calientes para que los meseros los tomen y los lleven a sus respectivas mesas.
Bueno, pues sucede que observé que de repente, una niña de 8 o 9 años y su hermanito de 7 años, empujaron un par de sillas hacia esa barra, se treparon y se apoyaron en la barra, justo en el espacio donde se dejan los platos calientes para los comensales.
Los papás, como siempre, les dejan hacer todo a sus güercos. EN NINGUN MOMENTO se pararon para llevarlos a la mesa, dejaron que sus bendis estuvieran ahí estorbando y metiendo mano, jugando con los cuchillos y tenedores.
El gerente, todo apurado, no los regañó, simplemente malabareó y él recogía los platos calientes para dárselos a los meseros.
Por más que discretamente movió las sillas de los güercos, estos seguían estorbando, ahí paradotes, asomándose a la cocina y sabe Dios si en una de esas hayan metido los dedos a los platillos, eso sí no lo sé. Pero de que estaban estorbando eso sí era muy claro.
El gerente no se atrevió a regañarlos, ni tampoco buscó a los padres de las criaturas para pedirles que los retiraran de ahí. Simplemente los dejó hasta que se cansaron y se fueron. Lo cual fue como 20 minutos después.
Y es que así están los tiempos. Los papás en la pendejez total, seguramente eran alguna pareja joven embobada con los celulares, mientras sus güercos ahí trepados en las sillas, estorbando en la barra, donde dejan platos calientes.
"Es que son niños", va a decir la gente. Pues sí, son niños. Pero tú como papá o mamá tu deber es educarlos. Si no se van a acostumbrar a ser prepotentes y hacer lo que se les de en gana, a no respetar autoridades ni leyes ni reglas.
Por eso luego vemos vandalismo en la ciudad. Gente que tira basura. Gente que se trepa a los carros de la gente disque para celebrar el mundial. Seguramente esos adultos que destrozan vehículos de niños fueron como este par de güercos, cuyos papás nunca supieron educarlos.
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