Hace tiempo me había dado cuenta que las toallas sanitarias Saba tenían en la tira adeherible una serie de mensajes "motivacionales". (Lo pongo entre comillas porque no sé con qué intención los pusieron y supongo que fue por eso).
Entre los mensajes están unos como:
"Nosotras no lloramos, expresamos"
"Nos encanta recibir un regalo que no esperábamos"
"No son las flores, es como nos hacen sentir"
:/
Pues sí, frasesillas tontas, no tienen nada de motivación para mí pero bueno. ¿Y para qué ponerlas en las toallas? Válgame. Aunque sé que la industria de las toallas sanitarias es una industria creada y dirigida por hombres, que suponen que cuando andamos en nuestros días andamos deprimidas, histéricas, irritables y volubles y quizá pensaron que era buena idea poner las frasesitas en un artículo que vamos a colocarnos en los calzones.
Pero bueno, siempre hay una feminista que se ofende por eso, así que esta persona subió la foto de arriba y mandó una carta a la compañía diciendo lo siguiente:
El día de ayer se compartió en esta página una foto sobre los mensajes de Saba en las toallas sanitarias. Hay una carta de respuesta ante tales mensajes.
"Carta a SABA
Querido Saba:
Hoy un amigo me mandó por nuestra ventanita virtual de coqueteo, esta foto que una usuaria de Twitter posteó. Una foto de tres mensajes escritos en los adhesivos de los protectores diarios que usted nos vende. Mi amigo me los mandó porque él mismo estaba enfurecido de enterarse de la existencia de estos mensajitos. ¿Y por qué lo menciono a él y nuestro coqueteo en esta carta? Para comenzar este diálogo con usted con la confianza e intimidad con la que usted ya nos habla a nosotras las mujeres en sus productos.
Estos son los mensajes de la foto:
"No es ir juntas al baño. Es platicar donde ellos no escuchan".
"Aunque parezca que no nos importa, nos encanta que nos volteen a ver".
"Dejemos de pensar, empecemos a sentir".
Después de varias horas de respirar profundo, me siento a escribirle aunque se me hace muy difícil encontrar cómo conversar con usted.
Saba, quiero decirle que se le olvidó que en países como México y los nuestros Centroamericanos, países que aunque muy subdesarrollados, somos muchas las mujeres que estamos tratando de educarnos, ser fuertes, libres e independientes. Mujeres inteligentes que queremos un mejor futuro para nuestras hijas y nosotras mismas. Mujeres que, al fin y al cabo, trabajamos para poder comprarnos, entre tantas cosas, nuestros propios artículos de cuido personal y aquí es donde entramos en su territorio, Saba. Somos nosotras quienes mantenemos su negocio.
A nosotras, a muchas, estos mensajes podrían insultarnos. ¿Y sabe por qué? Fíjese que pareciera como si usted cree que nuestras vidas tienen que girar alrededor de un hombre. O peor aún, da usted por un hecho de que ya giran alrededor de ellos. No que tener pareja sea algo negativo, no. Pero de tantos mensajes positivos que usted me podría mandar, ¿por qué escoge mensajes en los que pareciera que los hombres son el centro y objetivo de nuestras vidas? ¿Ese es el mensaje suyo para nosotras? También podríamos pensar que usted quiere que el centro de nuestras vidas sean los hombres. ¿Es así?
Saba, creo que a usted se le olvida que las muchachas adolescentes no necesitamos más mensajes enfocados en que seamos objetos sexuales. Ninguna mujer de ninguna edad necesita que le digan que lo que nos gusta es que al caminar por un pasillo o una calle, los hombres nos vuelvan a ver. Las mujeres jóvenes que comenzamos a usar sus productos y que además somos frágiles ante el mercadeo, porque todavía somos niñas, no necesitamos que cuando vamos al baño nos recuerden que es cool que a una la vuelvan a ver los compañeros. Porque cuando recibo ese tipo de mensajes y recuerdo que a mí nadie me vuelve a ver y que no soy parte de las muchachas populares del colegio, me deprimo. A usted se le olvida que ese tipo de mensajes pueden estimular a que nosotras las adolescentes desarrollemos baja autoestima y toda la problemática que eso conlleva, al enfocar nuestro valor en las opiniones de los muchachos del colegio.
Por otro lado, Saba: ¿Los mensajes son espirituales o son tips sociales? En unos me habla de hombres, pero en otro me dice que no piense y solo sienta. ¿Qué significa eso? ¿Que solo sienta y me deje llevar por las mariposas en mi estómago y no use anticonceptivos? ¿Que solo sienta las ganas de divertirme y no estudie? ¿Que las mujeres no necesitamos pensar? ¿O está siendo usted espiritual y me invita a que me guíe por mis instintos, que medite sobre la vida y no use tanto la mente?
Ahora, Saba, le tengo otra pregunta: ¿En alguno de sus mensajitos adhesivos nos está mandando a nosotras, mujeres lesbianas, un mensajito sobre como coquetear con otras muchachas? ¿O es que las lesbianas no menstruamos y no hace falta que nos envíe mensajes? Se le olvidó que nosotras también somos sus clientes. ¿O me equivoco yo al dar por un hecho que ningún adhesivo tiene un tip para mí?
Lo invito Saba a que cambie sus mensajes en los adhesivos. Lo invito a que nos mande mensajes para ser fuertes, independientes, libres. Mensajes que nos inviten a superarnos, a estudiar, hacer ejercicio, ser líderes. Lo invito Saba a que piense en nosotras como los seres humanos pensantes y fuertes que somos. No nos minimice, que en este mundo no hace falta que usted también nos vea como seres inferiores.
Saludos cordiales,
Mariana den Hollander Miranda
Artista
San José, Costa Rica"
Lo subió a las redes, y ya se hizo polémica del asunto. Me recuerda el capítulo de Lisa Simpson cuando se enoja porque la muñeca Baby Malibu dice frases como estas:
Y termina reaccionando así:
Me molesta el escándalo de la carta porque ni que fuéramos tan brutas para hacerles caso a los mensajes esos. "Ah, ya porque la toalla dice eso, ya me voy a portar así. " Pues no.
Antes que empiecen con esas fregaderas, la activista debería ir a los países como la India, en donde las mujeres no conocen las toallas sanitarias y sus familias las recluyen por semanas, porque la sociedad las consideran impuras, en chozas con condiciones antihigiénicas. Allá si que necesitan toallas, con mensajitos o sin ellos.
Entre los mensajes están unos como:
"Nosotras no lloramos, expresamos"
"Nos encanta recibir un regalo que no esperábamos"
"No son las flores, es como nos hacen sentir"
:/
Pues sí, frasesillas tontas, no tienen nada de motivación para mí pero bueno. ¿Y para qué ponerlas en las toallas? Válgame. Aunque sé que la industria de las toallas sanitarias es una industria creada y dirigida por hombres, que suponen que cuando andamos en nuestros días andamos deprimidas, histéricas, irritables y volubles y quizá pensaron que era buena idea poner las frasesitas en un artículo que vamos a colocarnos en los calzones.
Pero bueno, siempre hay una feminista que se ofende por eso, así que esta persona subió la foto de arriba y mandó una carta a la compañía diciendo lo siguiente:
El día de ayer se compartió en esta página una foto sobre los mensajes de Saba en las toallas sanitarias. Hay una carta de respuesta ante tales mensajes.
"Carta a SABA
Querido Saba:
Hoy un amigo me mandó por nuestra ventanita virtual de coqueteo, esta foto que una usuaria de Twitter posteó. Una foto de tres mensajes escritos en los adhesivos de los protectores diarios que usted nos vende. Mi amigo me los mandó porque él mismo estaba enfurecido de enterarse de la existencia de estos mensajitos. ¿Y por qué lo menciono a él y nuestro coqueteo en esta carta? Para comenzar este diálogo con usted con la confianza e intimidad con la que usted ya nos habla a nosotras las mujeres en sus productos.
Estos son los mensajes de la foto:
"No es ir juntas al baño. Es platicar donde ellos no escuchan".
"Aunque parezca que no nos importa, nos encanta que nos volteen a ver".
"Dejemos de pensar, empecemos a sentir".
Después de varias horas de respirar profundo, me siento a escribirle aunque se me hace muy difícil encontrar cómo conversar con usted.
Saba, quiero decirle que se le olvidó que en países como México y los nuestros Centroamericanos, países que aunque muy subdesarrollados, somos muchas las mujeres que estamos tratando de educarnos, ser fuertes, libres e independientes. Mujeres inteligentes que queremos un mejor futuro para nuestras hijas y nosotras mismas. Mujeres que, al fin y al cabo, trabajamos para poder comprarnos, entre tantas cosas, nuestros propios artículos de cuido personal y aquí es donde entramos en su territorio, Saba. Somos nosotras quienes mantenemos su negocio.
A nosotras, a muchas, estos mensajes podrían insultarnos. ¿Y sabe por qué? Fíjese que pareciera como si usted cree que nuestras vidas tienen que girar alrededor de un hombre. O peor aún, da usted por un hecho de que ya giran alrededor de ellos. No que tener pareja sea algo negativo, no. Pero de tantos mensajes positivos que usted me podría mandar, ¿por qué escoge mensajes en los que pareciera que los hombres son el centro y objetivo de nuestras vidas? ¿Ese es el mensaje suyo para nosotras? También podríamos pensar que usted quiere que el centro de nuestras vidas sean los hombres. ¿Es así?
Saba, creo que a usted se le olvida que las muchachas adolescentes no necesitamos más mensajes enfocados en que seamos objetos sexuales. Ninguna mujer de ninguna edad necesita que le digan que lo que nos gusta es que al caminar por un pasillo o una calle, los hombres nos vuelvan a ver. Las mujeres jóvenes que comenzamos a usar sus productos y que además somos frágiles ante el mercadeo, porque todavía somos niñas, no necesitamos que cuando vamos al baño nos recuerden que es cool que a una la vuelvan a ver los compañeros. Porque cuando recibo ese tipo de mensajes y recuerdo que a mí nadie me vuelve a ver y que no soy parte de las muchachas populares del colegio, me deprimo. A usted se le olvida que ese tipo de mensajes pueden estimular a que nosotras las adolescentes desarrollemos baja autoestima y toda la problemática que eso conlleva, al enfocar nuestro valor en las opiniones de los muchachos del colegio.
Por otro lado, Saba: ¿Los mensajes son espirituales o son tips sociales? En unos me habla de hombres, pero en otro me dice que no piense y solo sienta. ¿Qué significa eso? ¿Que solo sienta y me deje llevar por las mariposas en mi estómago y no use anticonceptivos? ¿Que solo sienta las ganas de divertirme y no estudie? ¿Que las mujeres no necesitamos pensar? ¿O está siendo usted espiritual y me invita a que me guíe por mis instintos, que medite sobre la vida y no use tanto la mente?
Ahora, Saba, le tengo otra pregunta: ¿En alguno de sus mensajitos adhesivos nos está mandando a nosotras, mujeres lesbianas, un mensajito sobre como coquetear con otras muchachas? ¿O es que las lesbianas no menstruamos y no hace falta que nos envíe mensajes? Se le olvidó que nosotras también somos sus clientes. ¿O me equivoco yo al dar por un hecho que ningún adhesivo tiene un tip para mí?
Lo invito Saba a que cambie sus mensajes en los adhesivos. Lo invito a que nos mande mensajes para ser fuertes, independientes, libres. Mensajes que nos inviten a superarnos, a estudiar, hacer ejercicio, ser líderes. Lo invito Saba a que piense en nosotras como los seres humanos pensantes y fuertes que somos. No nos minimice, que en este mundo no hace falta que usted también nos vea como seres inferiores.
Saludos cordiales,
Mariana den Hollander Miranda
Artista
San José, Costa Rica"
Lo subió a las redes, y ya se hizo polémica del asunto. Me recuerda el capítulo de Lisa Simpson cuando se enoja porque la muñeca Baby Malibu dice frases como estas:
Y termina reaccionando así:
Me molesta el escándalo de la carta porque ni que fuéramos tan brutas para hacerles caso a los mensajes esos. "Ah, ya porque la toalla dice eso, ya me voy a portar así. " Pues no.
Antes que empiecen con esas fregaderas, la activista debería ir a los países como la India, en donde las mujeres no conocen las toallas sanitarias y sus familias las recluyen por semanas, porque la sociedad las consideran impuras, en chozas con condiciones antihigiénicas. Allá si que necesitan toallas, con mensajitos o sin ellos.




Todo ocurrió muy rápido. Una noche de luna llena, él salió de una fiesta. Cuando iba a su coche descubrió a un perro callejero que olisqueaba la llanta, con intenciones de orinarse ahí. Francisco le gritó “Sshhskale, váyase de aquí”. Pero resultó que el perro no era perro, era un hombre lobo, que le gruñó y le mostró los dientes. Francisco tragó saliva. Hubiera sido muy útil traer consigo una pistola con balas de plata, ¿pero pues quién se iba a imaginar que había hombres lobo rondando por su vecindario?
Su mente racional le aconsejó quedarse quieto y mostrar autoridad, así como César Millán amaestraba a sus perros casi como por arte de magia y se preguntó si ese truco funcionaría con los hombres lobo, por lo que le chistó y le ordenó que se sentara. El hombre lobo se enojó más. Así que ¡al demonio con los trucos de César Millán! Francisco se echó a correr. Pero como también los hombres lobo olían el miedo, al ver a Francisco correr, se fue tras él, ladrándole y aullándole. Y Francisco corría, a como podía, pues tenía años de no hacer ejercicio y una panza cervecera que pesaba como veinte kilos. Se lamentó de no haber hecho la dieta que le impuso su hermana la nutrióloga y de haber abandonado el gimnasio inmediatamente después de pagar la anualidad. Si al menos hubiera adelgazado, habría tenido mejor condición física para huir de aquel hombre lobo que ahora lo perseguía.
Y llegó lo inevitable. Francisco se paró, jadeando y sin aire, y el hombre lobo lo mordió.
Francisco llegó a su casa, adolorido y cansado. Se miró la herida en la pantorrilla. Se desinfectó con alcohol e imploró que el hombre lobo no tuviera rabia porque él no quería ponerse inyecciones. Aunque luego se dio de topes en la cabeza. ¿Se preocupaba por la rabia en lugar de preocuparse por convertirse en un hombre lobo? Qué tonto.
Al día siguiente, Francisco despertó como si nada. De su aventura de la noche anterior solo quedaba la resaca y el dolor de la mordida, pero no era tan intenso como para faltar al trabajo, así que se vistió y se fue a la oficina. Allá le platicó a Adrián, su amigo, lo que le había pasado después de la fiesta. Como era de esperarse, no le creyó y le dijo que probablemente lo había alucinado de tan borracho que estaba.
Francisco pensó que tal vez su amigo tenía razón y dio por olvidado el asunto. Sin embargo, una serie de extraños síntomas ocurrieron después. El vello y la barba se volvieron más abundantes, las uñas le crecieron y sentía un irresistible antojo a la comida para perro y un odio a los gatos. ¿Eso era normal?
Como sus cambios se estaban volviendo más evidentes, decidió consultar con un médico pero éste le dijo que no atendía ese tipo de casos así que fue con un veterinario. Éste, después de una serie de análisis, concluyó que efectivamente se estaba convirtiendo en un hombre lobo y que no había cura para eso más que suicidarse con una bala de plata. Sin embargo, le dijo que no se preocupara ya que los hombres lobo se estaban poniendo de moda gracias a Stephenie Meyer y sus novelas de Crepúsculo y que eso lo haría muy popular entre las mujeres.
Resignado, Francisco volvió a su casa, aunque también pensó en la posibilidad de atraer más mujeres con su nueva transformación. Se imaginó como un hombre lobo velludo, fuerte y musculoso, con un abdomen de lavadero. Sería la envidia de los demás.
Y marcó cada día del calendario, esperando la luna llena con ansias, hasta que finalmente llegó. Y… ¡oh sorpresa!, no se convirtió en el hombre lobo que imaginaba. Seguía siendo flácido y panzón pero con la diferencia de que ahora estaba lleno de pelo.
Aun así tuvo suerte. Las mujeres al verlo exclamaron ¡Qué bonito perrito!, ¡Ternurita!, ¡Cosha!, y lo abrazaban, le hacían piojito y en invierno le tejían suéteres de colores.